STRANDED (NAÚFRAGOS)

Llevamos unos años, coincidiendo con el resurgimiento de la exploración del planeta rojo, en que hemos asistido a la publicación y rodaje de varias novelas y películas donde se narra el primer viaje a Marte. Seguramente, por aquello de que si todo va bien, la historia no tiene gracia, en todos los casos tiene lugar un accidente que deja a los expedicionarios en una situación comprometida, cuya importancia varía mucho de un caso a otro.

Hasta ahora los Estados Unidos tenían el monopolio de ese tipo de obras. Pero la situación cambió en el 2001 con la publicación en España de “Stranded (Náufragos)”. Esta tiene algunas características que la diferencia de las otras. Para empezar, si en las norteamericanas, es lógicamente la NASA quien organiza la expedición, aquí la responsable es una nueva organización, la NASA-ESA, fusión de la anterior y la agencia espacial europea.

Este hecho provoca que la tripulación del “Ares”, Dios griego de la Guerra y nombre de la nave espacial de la novela, sea multinacional. Concretamente, el comandante de la expedición, el geólogo y la médico, son estadounidenses. En cambio, el biólogo es chileno, el ingeniero italiano, y de los dos pilotos, uno es británico y la otra española. De esos cinco hombres y dos mujeres, seis bajan a Marte en el vehículo de amartizaje “Belos”, y el séptimo se queda orbitando el planeta en el “Ares”.

Los primeros capítulos sirven para introducir a los protagonistas. Se hace hincapié en que no son superhombres, sino mujeres y hombres normales, con situaciones vitales diferentes. Se trata de hacer que sean cercanos al lector. Que no consiguen formar parte de la misión por su cara bonita, sino que deben superar un largo y difícil proceso de selección. Se trata del famoso refrán, “Quien algo quiere, algo le cuesta”.

Una cosa que está muy bien descrita es todo lo relacionado con el entrenamiento que siguen los astronautas. Es algo parecido a lo que muchos han leído sobre el programa espacial estadounidense y lo que aparece en películas del género, como “Space Cowboys”. Sin duda los autores utilizaron gran cantidad de documentación sobre el tema, además del privilegio de disponer de la colaboración del astronauta madrileño Pedro Duque en calidad de asesor.

Es durante ese período, que ocupa buena parte del relato, en el que se encuentran algunas de las pocas escenas divertidas en la novela, por lo demás muy seria. Y el protagonista de ellas es el ingeniero italiano, Luca Bagglioni. Este personaje, tal vez el que da más juego, es un genio en su campo y recuerda a Einstein. Por un lado, es el más listo de todos y mantiene entera la “Belos” después del amartizaje. Pero sufre un déficit de inteligencia emocional y muestra tendencia al fatalismo cuando sus cálculos le dicen que no hay salvación.

Totalmente opuesto al italiano, está Herbert, el geólogo. Este hombre es el optimismo encarnado en un ser humano, y en los momentos críticos después del choque, es precisamente esa característica la que mantiene a los demás con ganas de seguir esforzándose para hallar una solución. Así, mientras el primero tiene excesivamente los pies en el suelo, el segundo sueña demasiado. En medio está Susana, la líder del grupo de náufragos, que es quien lo mantiene unido, incluso cuando hay mucha tensión.

Los demás personajes, el jefe de la expedición, y Lovell, su ayudante, que es quien permanece a bordo del “Ares” una vez en la órbita marciana, están poco desarrollados y se ven reducidos a poco más que comparsas. Los típicos secundarios que están allí, pero la acción no depende de ellos. Probablemente sea un guiño de los autores el que el astronauta que no baja tenga el mismo apellido que el comandante del Apolo XIII, la nave que no pudo aterrizar en la Luna debido a un accidente.

En la contraportada de la Trilogía de Marte de Kim Stanley Robinson, se dice que al lector le parece estar viendo la narración en directo. Pues lo mismo ocurre aquí. Además, es irreprochablemente científica. Por ejemplo, para generar gravedad artificial en la “Ares” y evitar los efectos nocivos que tendría un período prolongado en ingravidez, se utiliza el sistema descubierto en “2001”, de hacer girar los módulos habitados alrededor de un eje fijo.

Hay un pequeño detalle acerca de la propulsión del cohete que puede ser discutible, pero tampoco tiene mucha importancia. Lo mismo ocurre con la ruta seguida y la larga travesía, que es despachada en pocas páginas. Con todo esto, ya ha transcurrido un tercio de la historia, hasta que llegan a la órbita marciana. Una vez allí, la Belos se separa del Ares y empieza el descenso. Pero la Ley de Murphy interviene, algo tiene lugar, pierden el control del aparato e impactan en la superficie.

A partir de ese instante se acelera el ritmo del relato, hasta entonces bastante tranquilo, y no ceja hasta el final, aunque algunos momentos son más sosegados que otros. Cinco de los astronautas salen con vida del amartizaje forzoso, pero enseguida llegan a la conclusión de que es imposible que todos sobrevivan hasta la llegada de un rescate. Así que tres han de morir para que vivan dos. Es en ese instante cuando se inicia la parte especulativa.

Aunque hay desgracias varias y en algunos momentos existe el temor de que todo acabe como el rosario de la aurora, tiene un trasfondo optimista. Es la lucha eterna del ser humano contra un medio ambiente hostil. El único cambio es pasar de la selva amazónica, por poner un ejemplo, al Valles Marineris. No sólo eso, sino que en lo que a la ciencia-ficción se refiere, los autores dan respuestas validas a varias de las dudas que se tienen sobre el planeta rojo. Y lo demás está muy bien conseguido.

Sólo falta un extremo para comentar y es: ¿Para cuando una segunda parte que aclare todos los puntos oscuros que quedan en la primera novela, y que por supuesto, no serán revelados aquí?

© Carles Quintana i Fernàndez, 2 de junio del 2003.

 

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