
Existe un refrán que reza “No hay nada nuevo bajo el Sol” y por mi experiencia tanto de lector como de escritor, veo cada vez más que es totalmente cierto. Los precursores lo tenían fácil. Por ejemplo, antes de Julio Verne, es cierto que muchos autores hablaron de viajes a la Luna, pero nunca se hizo tan científicamente como es el caso de “Viaje a la Luna”. Y lo mismo ocurre con el Nautilus en “20.000 leguas de viaje submarino”.
Por otro lado, H.G.Wells inauguró con “La Guerra de los Mundos” la larga línea de invasiones extraterrestres que ha perdurado hasta hoy. Ahí está una de las cosas que quiero comentar. Alguien tiene una idea genial. Poco después, otros la desarrollan con un nuevo enfoque. Pero esta postura tiene un límite y llega un momento en que ya no quedan enfoques, valga la redundancia y lo único posible es hacer variaciones menores del tema central.
Un gran ejemplo de esto
son las novelas de “espada y brujería”, cuyo origen se puede
rastrear en “El Señor de los Anillos” de J.R.R. Tolkien.
Allí se crearon un cierto número de elementos como los dragones,
los elfos, etc, que muchos otros escritores han utilizado para sus propios fines.
Sin duda, el universo ha sido enriquecido, pero es el mismo. ¿Y que tenemos
ahora? Un montón de colecciones que explican lo mismo en diferente sitios.
Ahí está el caso de la saga de “Los Reinos Olvidados”
o la parodia salvaje que es “MundoDisco”, y así ad nauseam.
Existen muchos más ejemplos, como ocurrió con StarWars y sus muchas
imitadoras, entre las que destaca “Galáctica. Estrella de Combate”.
¿Y que decir de todas las federaciones especiales, casos de las múltiples
entregas de “StarTrek” y “Babylon 5”? Pero creo que
con esta muestra ya es suficiente para comprender que actualmente no se innova
demasiado en el campo y muchísima gente se limita a explotar fórmulas
ya conocidas.
Podría parecer que el paisaje es descorazonador. Pero aún hay esperanzas en forma de soluciones totalmente innovadoras. En el cine destaca sobretodo el caso de “Matrix”, una película que aunque basándose en “El Mito de la Caverna” del filósofo Platón, el hecho es que ha hecho escuela y ha marcado un antes y después en la historia del cine. Desgraciadamente, le ha ocurrido lo que ya he comentado de convertirse en inspiración de otras creaciones.
Y en el caso de los libros, dónde aún es más difícil ser original que en el séptimo arte, y hablo por experiencia propia, últimamente se ha conseguido lo imposible y se han abierto nuevas sendas. Voy a comentar dos grandes exponentes. El primero son las aventuras del niño, ahora ya adolescente, Harry Potter, en un mundo mágico en nuestros días. Nadie había escrito antes sobre este tema, aunque ya le han aparecido imitadores en forma de una chica hipnotizadora, y se ha de reconocer que ha arrasado en las librerías de todo el planeta.
Y el segundo es la saga de “Canción de Hielo y Fuego”, de George R.R. Martín. Su primera entrega “Juego de Tronos” es una novela, en la que aunque se pueden reconocer muchos libros anteriores, algunos históricos y otros de ficción, los coge todos y los une de una forma nunca vista y totalmente nueva. Al menos, esa es la opinión del cronista. Seguramente hay otros muchos ejemplos, pero aquí no hay espacio de comentarlos.
Pero lo importante y lo que quiero dejar claro es que aún hay esperanza y la fuente de la originalidad no se ha secado. Esperemos que continúe manando.
© Carles Quintana i Fernàndez, 16 de octubre del 2003.
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