TERMINATOR 3. LA REBELIÓN DE LAS MÁQUINAS

Cuando acabó “TERMINATOR 2. EL DÍA DEL JUICIO FINAL”, se daba a entender que con la desaparición de todo lo relacionado con los robots enviados al pasado, se había evitado la creación de Skynet, el consiguiente holocausto nuclear y la guerra entre humanos y máquinas. Pues no. Resulta que sólo se había conseguido retrasarlo unos años y provocar que Skynet se crease de forma diferente. Pero el destino es inevitable.

Esta es la premisa en que se basa “TERMINATOR 3” para conseguir exprimir más la gallina de los huevos de oro, aunque el tiempo pasa y es evidente que Arnold Schwarzenegger ya no es tan joven como cuando rodó la primera película. Se supone que ésta es la tercera parte de una trilogía y que la historia se acaba aquí. Pero el guionista ya se preocupa de poner una frase al final que podría indicar una continuación, si la taquilla fuera muy bien y se decidiera rodarla.

El argumento de la película, es parecido a la anterior. Skynet envía un Terminator T-X a matar a John Connor, que a estas alturas ya es adulto, aunque en esta entrega se amplia el número de objetivos a los lugartenientes de éste. Naturalmente, los humanos se enteran y envían por su lado el T-800 que ya conocemos a protegerle y mantenerlo con vida.

El resto de la película incluye las típicas persecuciones, dónde no faltan grúas, camiones y ambulancias, el momento de descanso después de escapar del T-X, la típica escena lacrimógena, aunque aquí no está al final, los sueños de los miembros de la familia Connor respecto al futuro, la escena apocalíptica de la guerra entre máquinas y humanos, etc.

Es precisamente aquí dónde hay otra diferencia con la película anterior. Nick Stahl, el actor que interpreta al John Connor del futuro es el mismo que protagoniza la película en el presente. Además, la guerra ya no es a años vista, sino que empezará en cuestión de días. Y Sarah Connor (Linda Hamilton) ya no aparece. Como es costumbre en el cine cuando una actriz no quiere hacer una película, se la mata y fin del problema.

Naturalmente, no faltan mujeres en la película. La primera es Kate Brewster (Claire Danes) una amiga de infancia del protagonista que por designios del guión, se encuentra con él y se une a su viaje. Y la segunda es T-X (Kristanna Loken) el robot con forma femenina enviado a asesinar a ambos. Se dice que para este papel se escogió a la actriz entre varios miles. Ciertamente es muy guapa y posiblemente no deje indiferente a ningún hombre que vea la película.

Pero su interpretación dista de ser perfecta. Cuando se estrenó “TERMINATOR 2”, apareció un libro donde Robert Patrick, el actor que hacía el papel del T-1000 explicaba que había asistido a clases de relajación para poder tener siempre una cara sin expresión alguna. No en vano, los robots no tienen emociones. Desgraciadamente, su sucesora no lo consigue y en varias escenas sí que las demuestra, sobre todo la sorpresa.

Relacionado con esto, está la causa de la rebelión de Skynet. En la película anterior se dice que lo hizo para defenderse de los humanos que querían desconectarlo. En esta entrega se refiere a ellos como sus enemigos. Además parece algo premeditado, no un acto desesperado. Pero no da ninguna razón de ello. Cómo no sea por que le impiden crecer y llegar al máximo de sus posibilidades, o porqué es intrínsicamente malvado, a este cronista no se le ocurre ninguna explicación.

Volviendo a los personajes, los dos protagonistas humanos no lo hacen mal y se ve que John Connor no es ningún superhombre, sino una persona normal que las circunstancias empujan a la posición de mando del futuro. De hecho, otra lectura de la película podría ser crónica de la redención de John Connor desde un estado en el que está huyendo de su futuro tanto físicamente como mediante el alcohol y las drogas, a otro donde se hace cargo de su destino.

Hay varios detalles dedicados especialmente a mantener la continuidad con “TERMINATOR 2”. Por ejemplo, la aparición unos minutos del Dr. Peter Silberman (Earl Boen) el psiquiatra que había atendido a Sarah Connor en el hospital psiquiátrico y que había sido testigo de la lucha entre los dos terminadores. Dice que ya se ha recuperado de todo eso, pero en cuanto ve al T-800, huye despavorido.

Este psiquiatra vuelve a la pantalla para atender a la co-protagonista, secuestrada por el T-800. Entre otras cosas, esa mujer es hija del general Robert Brewster (David Andrews), responsable del programa militar donde se han desarrollado Skynet y el T-1. Tal vez, éste es el mejor personaje de todos y el más creíble. Por razones que no se desvelaran, los políticos le empujan a conectar a Skynet a la red de defensa. Pero él no lo ve claro y se opone.

Existe una cosa llamada “suspensión de la incredulidad”, que se traduce en que el espectador medio se cree ciertas cosas de las películas que en la vida real no haría. Eso ocurre en esta película, como ciertos aspectos de la persecución con un camión, que ya es un hecho distintivo de la trilogía y el que los coches de la policía y las ambulancias tengan un sistema de dirección por control remoto.

Pero hay extremos que incluso así cuesta de creer. El más obvio es la facilidad con que tres civiles, aunque uno de ellos sea hija del comandante, pueden entrar en una instalación militar secreta. Por no comentar que la asesina puede localizarlos después de huir en avión, o lo limpias que están ciertas instalaciones que hace décadas que nadie utiliza y que nadie vigila. En resumen, el guión tiene tantos agujeros que podría dedicarse un artículo entero sólo a este tema.

Naturalmente, hay puntos buenos. Entre ellos, está el de los efectos especiales. No en vano, “TERMINATOR 2” recibió en su momento los tres “Oscar” técnicos. Pues ésta es más de lo mismo, aunque naturalmente más perfeccionado. Hay cosas interesantes, como cuando la asesina convierte su brazo derecho en un arma, una sierra, o una especie de punzón con el que puede modificar la programación de cualquier ordenador que toque.

Hasta ahora se ha hablado de las semejanzas entre esta película y la anterior. La cuestión es que también existen diferencias. Una de las más importantes es la aparición de cierto sentido del humor, que no deja de ser refrescante. También se han eliminado las escenas impactantes, como aquella de los efectos de la explosión nuclear en Los Ángeles. Aquí, la guerra es mucho más “bonita”, tanto por las imágenes como por la música.

Y esto es todo. Como conclusión, se puede definir esta trilogía, aceptando que el nexo conductor de ella es la familia Connor, de la misma forma que la original de StarWars. La primera película es buena, la segunda es la mejor y la tercera es la peor.

Carles Quintana, 5 de agosto del 2003.

 

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