VISIONES 2002

Al contrario
del “Fabricantes de Sueños”, donde se escoge los relatos
de entre los aparecidos ese año en las revistas del género, el
contenido del Visiones procede de aquellos relatos que el antologista, en esta
ocasión Juan Manuel Santiago, selecciona entre los que se le han enviado.
Y su objetivo declarado es dar eco a los autores del género nóveles
o recién profesionalizados.
Todo esto
está muy bien. Pero el libro, más concretamente la portada, tiene
un problema. Aunque la ilustración de la misma, obra del Estudio Ronin,
con la maleta, el salacot y la mona con su bebé está bien y se
detecta una clara relación con uno de los escritos, el color verde utilizado
en el texto de la contraportada destaca poco sobre la imagen y puede dificultar
la lectura a algunas personas.
Al variar
el seleccionador cada año, la orientación del Visiones nunca es
la misma. Al fin y al cabo, es la opción personal del que lo prepara.
Así, algunas ediciones están escoradas hacia la ciencia-ficción,
el terror o la fantasía. Pero en el caso que nos ocupa, Juanma Santiago
ha intentado, según sus propias palabras, mantener una proporción
razonable entre los tres estilos que acoge la AEFCFyT en su nombre.
De los catorce
cuentos, cuyo tamaño oscila entre las cinco y las diecinueve páginas,
cinco son claramente de ciencia-ficción, con invasores alienígenas,
planetas colonizados, la clonación humana y otros temas más o
menos clásicos. Hay otros cuatro que se circunscriben claramente en el
campo del terror, con incluso una mención al gore. Y sobre los otros
cinco, se puede decir que son de fantasía. Mejor equilibrio imposible.
Llegados
a este punto, es el momento de proceder con una breve reseña por separado
de cada uno de los relatos. Cada comentario se divide en dos partes, presentando
en la primera la obra en si y exponiendo lo que considero digno de mención,
tanto del cuento como del autor, en la segunda. Ahí va:
- “El
Artista” de Eugenio Barragán. Un artista
con un comportamiento excéntrico y que viste totalmente de negro
compra un escáner para crear con él nuevas obras de arte y
se lanza entusiásticamente a probar sus capacidades.
Este es un cuento realmente desagradable, y teniendo en cuenta que el seleccionador
dice en la introducción que es suave para lo normal del autor, uno
no puede dejar de preguntarse como serán los demás. Y lo peor
de todo es que la historia es creíble y sabes que el protagonista
podría existir.
- “Aire”
de Luis Septién. En un planeta agrícola se descubre
un nuevo mineral que supone una gran mejora para la navegación espacial.
Así que se inicia su extracción intensiva y todo el mundo
se hace rico.
Tenemos aquí una nueva denuncia de los efectos del desarrollismo
salvaje y sus efectos colaterales, con algunos toques de una fiebre del
petróleo. Por cierto, una cosa que llama la atención es que
aunque el autor sea extremeño, el relato tiene muchos detalles relacionados
con Asturias. Así, entre otras curiosidades, el estado galáctico
donde pasa todo es “El Principado” y su capital el planeta “Oviedo”.
- “Para
siempre” de Luis Astolfi. En un futuro cercano,
a la muerte de un científico, su mejor amigo y colega explica a su
hija que existe la posibilidad de clonarlo tanto en cuerpo como en espíritu.
Llevamos varios años asistiendo a grandes discusiones sobre la clonación
humana, por lo que no es de extrañar que se escriba ficción
sobre el tema. Pero éste no es el tema principal, sino que de que
lo trata es del amor de un padre a su hija, viceversa y de donde están
los límites de este sentimiento. De hecho, no me extrañaría
nada que Astolfi estuviera pensando en su familia mientras estaba escribiéndolo.
- “Ahora
puedo oír tu llanto” de Paula Grañeda.
Una mujer joven, cuya hermana gemela murió durante el embarazo, empieza
a oír un llanto infantil proveniente de ninguna parte en concreto.
Este relato, que por su sensibilidad es obvio que ha sido escrito por una
mujer, es el más corto de todos los que aparecen en el libro. Pero
es muy intenso y está todo muy bien sintetizado. Y el desarrollo
me recuerda en parte a las historias de fantasmas del escritor británico
del siglo XIX M.R. James.
- “Tras
la eternidad” de Dídac Morales. Una enfermera
es contratada para cuidar a un hombre que tras un choque emocional, se comporta
como un autista y su mente no reacciona a ningún estímulo
externo.
Una cosa que llama la atención es que todo lo relacionado con el
cuidado de la gente que no puede cuidarse a si mismo está muy bien
explicado. Surge así la pregunta de donde ha sacado el autor esa
información. Está además el claro y explícito
homenaje a algunas películas de los años cincuenta.
- “El
proceso de los monos” de Lorenzo Luego. La expedición
de 1866 del explorador David Livingstone naufraga, y éste, acompañado
sólo por algunos porteadores y enfermo de disentería, camina
por el África inexplorada sin un objetivo fijo.
Este es un cuento que engaña bastante. Al principio crees que se
trata de una variación más o menos fantástica de la
vida de Livingstone, tal vez con un poco de emoción, pero luego entra
claramente en el campo de la fantasía. Eso si, toda la descripción
de la selva ecuatorial y las andanzas del explorador, tanto las históricas
como las ficticias, está muy bien narrada.
- “Centro
Generacional” de José Miguel Sanfeliu. En
el futuro próximo, un hombre mayor, viudo, descubre que su nuera
no le aguanta y decide hacer algo al respeto.
Parece que ya es costumbre que en toda selección aparezca un relato
sobre el trato que se da a los ancianos, en este caso con los que viven
con el hijo y la mujer de éste. Lo novedoso es como se soluciona
este problema tan común de nuestros días. Y la solución
me recuerda a “Cuando el destino nos alcance (Soylent Green)”.
- “Monedas”
de Roberto Malo. Un hombre divorciado, paseando por el campo, se
encuentra de repente con una cosa que jamás se habría esperado.
Otro estilo que no podría faltar es el humorístico, además
muy bien situado en la antología para descargar la tensión
acumulada. Y éste, con una invasión extraterrestre realmente
delirante y a la vez innovadora, lo es y mucho. Lo único que se echa
en falta es algo que identifique, como el famoso meñique, a los alienígenas.
- “El
armario” de Santiago Eximeno. Un niño normal
y corriente sufre un terror nocturno. Pero no consigue superarlo y de mayor
lo exterioriza de la peor manera posible.
Este es un cuento muy bueno, tal vez de los mejores del libro. Leyéndolo,
llegas a comprender, horrorizándote en el proceso, como se crea un
asesino psicópata. Y el recurso de que el protagonista no recuerde
al despertar lo que ha hecho la noche anterior es fantástico.
- “Hamburgo
Sur” de Patricia Suárez. Durante un período
de la historia argentina en que no circulaban trenes, los miembros de una
familia se reúnen en una casa al lado de una vía para la fiesta
de aniversario de uno de ellos.
He encontrado este relato incomprensible. Para empezar, no encuentro ninguna
coincidencia entre su contenido y el comentario de la contraportada. Por
otra parte, aunque las relaciones entre el protagonista y su familia son
interesantes, no acabo de ver la relación entre éstas y el
extraño tren nocturno que hace su aparición varias veces.
- “Juan
HitlerFranco busca a Dios” de Sergio Parra. Juan
Expósito, ganador del oscar de 1973 al mejor actor, pronuncia un
extraño discurso cuando se le entrega dicho galardón.
Cómo se puede leer en la contraportada del libro, este escrito es
una mezcla muy bien hecha de un montón de aspectos dispersos del
siglo XX y de ciertas tradiciones. Se detectan algunos aspectos que se podrían
calificar de políticamente incorrectos, pero todo está tratado
de tal forma que te lo pasas muy bien durante la lectura.
- “Taurus
Uno” de Victor Conde. En el futuro, un hombre explica
a un psicólogo sus sueños, algunos de los cuales están
relacionados entre si y otros no.
Éste es el cuento más difícil de entender de la selección
y no estoy seguro de que haya acertado con mi hipótesis de que se
trata de varios sueños que el narrador intenta ordenar para darles
un mínimo sentido. Lo único claro, a partir de algunas cosas
aquí y allá, es que está ambientado en el futuro.
- “Ojo
en el cielo” de Paula Ruggeri. Philip K. Dick es
un mecánico con una vida totalmente rutinaria que un día cualquiera
le empiezan a suceder cosas raras.
Con sólo la mención del nombre del protagonista y su trabajo,
el lector ya se imagina de qué irá más o menos este
divertido relato. Es una lástima que yo no conozca mucho de ese autor,
ya que estoy convencido que el “dickiano” de pro encontrará
un montón de referencias a su obra.
- “La
ciudad cambia” de Carlos Martínez Córdoba.
En una ciudad innominada, los habitantes de un edificio reciben una orden
de deshaucio. Y en lugar de abandonarlo, se atrincheran en él.
Son varias las cosas dignas de mención de este escrito, como por
ejemplo que las ratas hayan evolucionado y sean inteligentes. Pero no nos
podemos olvidar de lo importante, y es la relación entre personas
que viven en un lugar cerrado y la situación vital de cada una. Todo
recuerda a aquella genial película, “La Comunidad”, aunque
además aquí hay un enemigo exterior siempre presente.
En este
momento, una vez se ha hablado por separado de cada cuento, es factible una
visión de conjunto. Así, es posible separar la antología
en dos partes del mismo tamaño. En la primera, hasta “Centro Generacional”
incluido, todos los relatos son serios como poco. Aparece entonces el humor
con “Monedas” y a partir de ahí, el ambiente es mucho más
alegre y distendido. No sé si esta división es a propósito,
pero no deja de llamar la atención.
Bueno. Creo
que esto es todo. Espero que los lectores os lo paséis tan bien como
yo leyéndolo y que de la misma forma que este cronista, algunos de los
escritos os hagan reflexionar.
Barcelona,
a 18 de octubre del 2004.
Carles Quintana i Fernàndez.
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