VANGUARDIA
BARCELONA
02/03/98



FOTO:MERCÉ TABERNER


PULSO CIUDADANO

Lluïsa Cabré

Corrige trastornos del lenguaje en niños pequeños

Hace treinta años que se dedica a la logopedia y da cursos sobre prevención de los trastornos del lenguaje en niños menores de cuatro años. En Barcelona y otras ciudades, padres, maestros y pediatras son sus alumnos

RAFAEL WIRTH

¿Quién tiene la culpa de que los niños no hablen bien?
--No hay culpables, pero los profesionales deberían saber qué pueden hacer para evitar esos trastornos. Y los padres, tener la información de determinadas conductas.
--Los padres ya tienen mucho trabajo.
--Los padres a veces hacen cosas que potencian los defectos. Por ejemplo, la mala utilización de biberones, chupetes y papillas. Después de los doce meses estas tres cosas deberían eliminarse. No todos los niños que los utilizan hablan mal, pero hay niños que si hubieran utilizado correctamente el biberón ahora hablarían bien.
--Quizá los nervios de los padres influyen.
--No. El hecho de no pronunciar bien las letras no tiene nada que ver con los nervios. Si hubieran utilizado bien estas tres cosas esos niños no sufrirían. Cuando toman papillas la lengua no se enerva, no sube, es gandula. Si estuvieramos hechos para comer sólo papillas tendríamos otros problemas lingüísticos.
--¿El origen es este?
--Los movimientos de deglutir condicionan la articulación de los sonidos. La lengua tiene que moverse correctamente. Hay un sector de la población que, por culpa del biberón, no mueve bien la lengua a la edad indicada. Pero los padres trabajan, tienen un niño de un año y le dan la comida con un biberón de diámetro grande: en dos minutos traga pollo y plátano.
--Comida rápida.
--Sí, pero después no saben pronunciar sonidos. En lugar de come dirán "pome". A los cuatro años eso es un problema de comunicación. La gente no les entiende.
--¿Si esto no se cura, qué pasa?
--Es sencillo si se les puede coger a los tres años. Se aplican unas técnicas. Si no, puede ser un fracaso global porque ese niño dirá "mamá tero topa".
--Es divertido para los padres.
--No hay que gratificar conductas no deseadas. El niño ve que le ríen esas palabras y se encalla. Pero al cabo de dos o tres años el padre le penalizará. Le dirá que lo hace mal o le dará un cachete.



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