EL TACTO:

 

     El tacto parecería uno de los sentidos menos importantes del gato, pese a la placentera respuesta y ronroneo producidos al acariciarle adecuadamente, o al estremecimiento instantáneo o vuelo de la zarpa que indican lo contrario. Y sin embargo el tacto (que abarca de hecho las cinco sensaciones separadas de presión suave y fuerte, calor, frío y dolor, subdivididas aún más por algunos biólogos) le proporciona al gato una percepción vital de su entorno inmediato y, desde luego, le acusa los traumas. En toda la piel se hallan terminales nerviosas especializadas (receptores) que responden a las distintas sensaciones: al estimularse envían rápidos mensajes a través de los nervios conectores y de la médula espinal hasta las áreas sensoriales del cerebro.

Las almohadillas sensitivas

     La piel desnuda de la nariz y las almohadillas de las patas es particularmente sensible. La nariz y la máscara del gato responden acusadamente al tacto, al calor y al frío; vemos al gato "medir" la temperatura o explorar el olor del alimento. Los receptores táctiles de la lengua ayudan después a los sentidos del tacto y olfato a juzgar la suculencia de la comida.

     Las zarpas son también sumamente táctiles y se emplean para investigar la textura, tamaño, forma y distancia de un objeto poco familiar. Los gatos extienden con frecuencia una pata y tocan el objeto con suavidad, después con más firmeza y, por último, utilizan la nariz para una inspección más cercana. El área, relativamente amplia del cerebro, que capta los mensajes de las patas delanteras evidencia la importancia táctil de las mismas.

     Las almohadillas recaban también una información que ayuda a mantener la postura del gato, enviando sensaciones a medida que se mueve. Estas sensaciones son captadas por grandes receptores de la dermis y capa adiposa de las almohadillas, llamados corpúsculos de Pacini, capaces de responder a una presión firme. Existen también en la lengua, almohadilla nasal y otras muchas partes del cuerpo. Si se llena la vejiga acusan la necesidad de orinar. Las almohadillas pueden detectar incluso vibraciones, permitiendo así al gato "oír" a través de las patas. Probablemente es esa sensibilidad extrema la razón de que muchos gatos aborrezcan que se las acaricien.

La sensación a través de los pelos

     La piel desnuda no es, desde luego, la única sensible al tacto. Los folículos pilosos, especialmente los de protección, están ampliamente dotados de receptores táctiles de diversos tipos. Sensibles al más leve movimiento, proporcionan así un sistema de detección cercana sin precisar del contacto dérmico. Como en la mayoría de los carnívoros, este sistema está desarrollado al máximo en los duros y rígidos bigotes o vibrisas existentes en la cara y los codos.

     Las vibrisas tienen la suficiente rigidez para no doblarse al tocar superficies duras, y se suponen importantes para palpar e investigar los objetos cercanos. Los gatos que ven mal suelen andar con mucha cautela y mover la cabeza de lado a lado al pasar por agujeros. Es posible también que los gatos con visión correcta se atengan mucho a sus bigotes cuando hay mala luz y la extrema dilatación de las pupilas les dificulta el enfoque de los objetos muy cercanos.

     Las vibrisas podrían ser también sensibles a la desviación de las corrientes de aire por los objetos, permitiéndole así al gato encontrar el camino en la oscuridad sin necesidad de establecer un contacto inmediato. Desde luego, la pérdida de los bigotes puede estropearle al gato la maestría de movimientos. Por último, las vibrisas faciales actúan de pestañas adicionales, porque cualquier objeto potencialmente peligroso que toca las vibrisas que hay sobre los ojos estimula inmediatamente el parpadeo protector.

     Además de las raíces del pelo, la dermis que hay entre los pelos está muy poblada de almohadillas táctiles en forma de diminutos bultos (de 7 a 25 por centímetro cuadrado), estimulables a la más mínima presión. Cualquier roce más o menos leve es suficiente para que enseguida toda la piel del gato vibre o se estremezca.

 

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VIBRISAS Y FOLÍCULO PILOSO:

 
A: epidermis 4: cavidades foliculares
B: dermis 5: terminales nerviosas

1: vibrisas

6: glándula sebácea

2: músculos erectores

7: vasos sanguíneos
3: cápsula fibrosa 8: depósitos de grasa

 

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La temperatura y el dolor

     La piel contiene también receptores del calor y del frío, que informan al gato de la temperatura de su entorno. Buscará el sitio más caliente para dormir y reacciona ante el frío enroscándose. Sin embargo, a excepción de la cara, el cuerpo del gato es relativamente insensible al calor: los gatos se ponen a menudo sobre estufas demasiado calientes para el tacto humano, llegando a quemarse el pelo. No dan señales de dolor mientras la temperatura de la piel no llega a los 52ºC, mientras que el hombre se siente incómodo ya a partir de los 44ºC.

     De las distintas sensaciones táctiles, el dolor es la más importante para la supervivencia del gato. Sintiendo dolor aprenden a evitar daños. Lo que intriga respecto a ese dolor es que hay gatos heridos que se ponen mustios y se deprimen o se vuelven agresivos si se les toca la parte herida, mientras que otros, con heridas muy serias, siguen despabilados y contentos e incluso ronronean. La tolerancia al dolor varía al parecer, aunque está en primera fila de los sentidos que guardan la barrera que hay entre el cuerpo y el mundo.

La piel

     La piel regula activamente la pérdida de calor del cuerpo. La relativa falta de adherencia del pellejo a los miembros subyacentes garantiza que la mayoría de las heridas que recibe sean meramente superficiales, y le ayuda también probablemente a escapar. Contiene numerosas glándulas y receptores sensoriales, mientras que en la piel de los dedos la dermis se modifica para formar las garras. Las glándulas mamarias, que le proporcionan leche al gatito, son estructuras dérmicas especializadas.

     Para llevar a cabo sus variadas funciones, la piel precisa de una complicada estructura. Se compone de dos capas tisulares especiales: la dermis y la epidermis. La primera contiene los importantes órganos especializados y otras estructuras, mientras que la segunda es principalmente protectora y se compone de varias capas de células nuevas que se desplazan gradualmente para sustituir las células muertas, desprendidas de la superficie. Al moverse hacia afuera, se vuelven aplanadas y córneas, formando una dura barrera impermeable. Sin embargo en su conjunto, la piel del gato es notablemente delgada, variando entre 0,4 mm. en el vientre y 2 mm. en el cuello. Su superficie total representa, en un gato de 4 Kg. de peso, aproximadamente  0.20 m². Existen también una serie de anexos epidérmicos: glándulas sebáceas y sudoríparas, melanocitos, melanosomas, folículos pilosos, uñas, almohadillas plantares, nervios y músculos erectores.

    

 

 

 

El pelaje

     El pelo es la más obvia de las estructuras cutáneas. brotando de unos hoyos diminutos, llamados folículos, en la dermis puede haber hasta 200 pelos por mm² en el vientre, y como la mitad en el dorso. Hay dos tipos de folículos pilosos y los biólogos clasifican los pelos correspondientemente. Los primarios o de protección forman el basto pelaje superior, que sale de folículos individuales. Los pelos secundarios, más finos, que forman el suave vello subyacente, crecen en grupos desde orificios (folículos) comunes. Estos pelos secundarios o pelusa son de diversas formas:  unos de tipo cerdoso y punta engrosada y otros finos y ondulados que forman la pelusa propiamente dicha.

     Además de esos pelos, están los sensibilísimos bigotes o vibrisas, localizados en la cara; brotan de un tipo de folículo especial. Están emparentados con ellos las pestañas, a la vez que en la parte de atrás de las patas delanteras puede haber grupos de vibrisas, llamados pelos carpianos; son también muy sensibles al tacto y caracterizan a aquellos carnívoros que emplean las patas delanteras para coger la presa.

     Los pelos normales del cuerpo se apiñan en manojos, con unos 25 pelos secundarios por cada pelo de protección en el vientre y aproximadamente la mitad de esa proporción en el dorso. La longitud general y la proporción de los tipos de pelo varía de una raza a otra, y en algunas brillan por su ausencia los de protección. El color y el esquema del pelaje varían también con la raza, y dependen de la presencia, proporciones y distribución de los pigmentos.

 

 

 

IMPLANTACIÓN DEL PELO

 
A: epidermis 4: glándulas sebáceas
B: dermis 5: terminales nerviosas
1: pelo principal 6: receptores nerviosos
2: pelo secundario 7: glándula apocrina
3: folículo piloso 8: músculos erectores
 
 

 

 

 

   EL OÍDO:

    

     Para un cazador, un oído supersensible es todo un complemento de una vista aguda, aparte de que el mundo audible del gato es muy diferente del nuestro. No sólo está lleno de ruidos demasiado débiles para que los capten oídos humanos, sino que los gatos están sintonizados con multitud de ultrasonidos mucho más altos que los que podemos detectar.

     Un gato que ronda es capaz de localizar con precisión increíble los chillidos y crujidos que producen pequeños roedores totalmente invisibles. Las orejas del gato están también en una alerta continua ante los sonidos que señalan el peligro. Y su sensible oído les permite el empleo de toda una gama de vocalizaciones como medio de comunicación.

Cómo oyen los gatos

     Los sonidos se componen de vibraciones que llegan al oído en forma de ondas de presión del aire. La altura de un sonido depende de su frecuencia de onda (número de vibraciones por segundo), y su volumen de su amplitud o tamaño. Para ser audibles, las vibraciones tienen que enviar al cerebro del gato señales nerviosas diferenciables en sonidos de distintas frecuencias y amplitudes. La parte del oído que lo hace, la cóclea, queda muy adentro del armazón óseo del cráneo; aparte de la sección relacionada con el equilibrio, el resto del oído recoge y transmite las vibraciones a la cóclea.

     De forma cónica y equipada con más de una docena de músculos que le permiten girar 180º y "apuntar" hacia el origen del sonido, la oreja capta las vibraciones sónicas más insignificantes. Las envía por el conducto auditivo hasta el tímpano, que a su vez reenvía sus propias vibraciones a la cóclea a través de tres osículos de l oído interno que las amplifican, aún cuando también pueden actuar como amortiguadores (mediante un dispositivo de pequeños músculos anexos) en caso de ruidos excesivamente fuertes, ayudando así a prevenir lesiones.

     La estructura del caracol del gato le permite responder a sonidos de hasta 65.000 Hz. (ciclos por segundo), y posiblemente también más altos. Esto supone, al menos, un octavo y medio por encima del límite auditivo humano que es de unos 20 Hz., superando incluso la conocida aptitud del perro para oír sonidos sobreagudos. El oído humano y el del gato no difieren mucho en las frecuencias bajas, situándose el límite inferior del gato alrededor de los 30 Hz. La mayor sensibilidad del gato a las notas altas se manifiesta por su mayor capacidad de respuesta a las voces humanas agudas y a los chillidos de los gatitos y ratones.

     Algunos gatos blancos, principalmente los blancos de ojos azules, tienen cambios degenerativos en una o ambas cócleas que les ocasionan sordera desde que tienen unos cinco días de edad. Los gatos tienden a volverse sordos al envejecer, al reducirse el movimiento de los osículos y degenerar los nervios del oído interno. Las infecciones también pueden afectar a la audición. Los gatos sordos compensan probablemente su defecto mediante una agudización de la visión y el olfato, haciéndose hipersensibles a las vibraciones (posiblemente "oyendo" a través de las patas).

Localización del sonido y comunicación

     Además de tener un oído de gran extensión y sensibilidad, los gatos pueden localizar la fuente del sonido con gran eficacia. Pueden diferencias dos fuentes de sonido separadas sólo por 5º (aproximadamente unos 8 cm. a una distancia de 1 m.). No es una precisión suficiente para cazar en la oscuridad total, pero sí una gran ayuda para localizar la presa. Efectúan esta diferenciación dos mecanismos principales. Los sonidos que llegan a una oreja pueden ser ligeramente más fuertes que los que llegan a la otra, pero lo más importante es el ligero retraso cronológico entre ambos: una fracción de segundo pequeñísima. El cerebro no puede medir directamente este retraso, pero sí detectar la diferencia existente entre las dos señales nerviosas. El dirigir las dos orejas hacia los sonidos no ayuda a situar la dirección de los mismos, pero permite detectar sonidos debilísimos.

     El movimiento de las orejas puede expresar claramente los estados de ánimo del gato y la audición misma juega un importante papel en su vida social, especialmente en su conducta sexual. Los gatos aprenden a responder a las señales de peligro; incluso en plena siesta mantienen una alerta permanente a los ruidos extraños. Aprenden también a reaccionar a ciertos sonidos familiares, como por ejemplo las pisadas de su amo.

El equilibrio

     El aparato vestibular del oído interno el el monitor del equilibrio y la orientación: le dice al gato dónde queda la parte de arriba. Comprende varias cámaras llenas de líquido, revestidas por millones de diminutos pelos y las terminaciones nerviosas emiten señales al cerebro cada vez que se mueven aquellos.

     En las cámaras mayores, utrículo y sáculo, descansan sobre los pelos unos pequeñísimos cristales de carbonato cálcico. Hacen presión de forma constante sobre los pelos en los que se apoyan, señalando así dónde queda la vertical (información orientadora). En los canales semicirculares los pelos se alargan en forma de aletas que se mueven siempre que lo hace el líquido de los canales. Los tres canales están dispuestos de modo que forman ángulos rectos entre sí, por lo que señalan la dirección y aceleración del movimiento.

     La facultad de caer sobre sus patas está íntimamente ligada al equilibrio. Algunas veces puede caer mal, en especial si cae en vertical y gira la cabeza. El arte de caer correctamente depende, principalmente, de la altura y de la posición adoptada en el momento de caer.

 

 

 

 

Estructura del oído

    El oído del gato está en su mayor parte oculto en el cráneo. La oreja, o pabellón articular, se limita a conducir las ondas sónicas por el conducto auditivo externo hasta el tímpano. En el escondido oído medio, el martillo, yunque y estribo (los huesos más pequeños del esqueleto) actúan como un sistema de palancas que convierten las vibraciones relativamente grandes aunque débiles del tímpano en otras menores, pero más fuertes, de la ventana oval de la cóclea. La trompa de Eustaquio, que conduce a la garganta, nivela la presión de aire a ambos lados del tímpano para permitirle que vibre libremente.

     La cóclea, parte del oído interno en forma de caracol, está llena de líquido y contiene el órgano de Corti, sensible al sonido, que se extiende en espiral. Los sonidos de diferente amplitud causan una vibración máxima en diferentes partes de ese órgano, de forma que cuanto más intenso es el sonido más fuertes son las vibraciones. Estas vibraciones se traducen en señales nerviosas que se transmiten al cerebro a través del nervio auditivo.

 
 

 
 

 

   LA VISTA:

 

     Los ojos del gato son tal vez su característica más representativa, clara indicación de que la vista es un sentido desarrolladísimo en él. Típicos del estilo de vida de un cazador, están situados baste hacia adelante de la cabeza, apuntan hacia delante para dar una visión tridimensional y delatan la poca preocupación por los predadores que pudieran acercárseles desde atrás. Pueden funcionar en una oscuridad casi total, y sin embargo lo hacen igualmente bien en pleno día.

Cómo ven los gatos

     Aunque tienen algunos rasgos especiales, los ojos del gato son básicamente similares a los de los demás mamíferos. La curva córnea (la parte clara del globo ocular, situada delante de la pupila) y la lente que está justo detrás del iris transmiten la luz del campo visual y la enfocan, formando una imagen en la retina (que es fotosensible y situada en el fondo del ojo).

     La luz provoca una reacción química en millones de células especiales de la retina, enviando impulsos nerviosos a través de las fibras del nervio óptico. El esquema de estas señales eléctricas representa la imagen que se forma en la retina y se transmiten al área óptica del cerebro, donde impactan el consciente del gato de tal modo que percibe realmente ("ve") la escena que tiene delante.

El ajuste a los cambios

     La lente efectúa finos ajustes para enfocar las imágenes de la retina. Está rodeada por un dispositivo de músculos y ligamentos que, al contraerse, la hacen más convexa, con lo que enfoca los objetos cercanos. Su reacción permite que la lente se aplane un poco, enfocando así las cosas situadas más lejos. En el hombre está muy bien desarrollada esta capacidad de enfoque, llamada acomodación, pero el gato tiene una lente relativamente grande, controlada por músculos más bien débiles. Por lo mismo, no puede enfocar muy bien los objetos muy cercanos y su visión óptima está entre los 2 y los 6 metros.

     Los ojos del gato están destinados a captar la máxima cantidad posible de luz, y la córnea y la lente son grandes en relación con el resto de dimensiones del globo ocular (en términos fotográficos, tienen una gran abertura o número de f). Son también muy curvas y la lente está situada muy atrás del globo en comparación con el ojo humano.

     El efecto de todos estos factores le da al ojo una longitud focal relativamente corta y con ello un ángulo visual grande y la proyección en la retina de una imagen cinco veces más luminosa que la del ojo humano. Esto, combinado con la mayor sensibilidad de la retina del gato, le permite a éste ver con una luz al menos seis veces más pobre que el hombre.

     Con mala luz la pupila puede abrirse hasta alcanzar 12 mm. de diámetro, para dejar pasar el máximo posible de luz (el miedo y la excitación pueden dilatarla también). Pero con luz radiante puede estrecharse hasta reducirse a una simple rendija, e incluso cerrarse del todo en el centro, permitiendo el paso de la luz sólo por dos diminutas aberturas situadas arriba y abajo. Esta variación la efectúan los músculos del iris (la parte de color del ojo), que puede variar mucho de color. Por lo general es amarillo en gatos callejeros, pero puede ser también verde, azul, lavanda o naranja (cobre), aunque todos los gatitos nacen con ojos azules.

La visión en la oscuridad

     Los ojos del gato, como sabe cualquier automovilista, resplandecen de noche al enfocarles una luz. Se debe la tapetum lucidum, una estructura a manera de espejo que tapiza la mayor parte del fondo de la retina. Presente en todos los gatos (y en la mayor parte de los animales nocturnos), refleja la luz no absorvida al pasar por la retina. Como resultado, las células fotosensibles de la retina reciben una segunda estimulación aumentando la sensibilidad del ojo a una luz escasa. En gatos de ojos amarillos o anaranjados, éste resplandor es de color verdoso, mientras que los ojos azules producen un reflejo rojizo (probablemente debido a la ausencia de tapetum nigrum).

 

Retina con tapetum amarillo

Retina con tapetum amarillo

 

     Igual que los nuestros, los ojos del gato tienen en la retina dos tipos distintos de células fotosensibles, los conos y bastones. Al haber poca luz, entran en acción los bastones, más sensibles y numerosos: hay aproximadamente 25 bastones por cada cono (4 por cono en los humanos), y sus conexiones nerviosas están dispuestas de tal modo que los estímulos de un número grande de bastones se refuerzan entre sí hasta desencadenar una señal en una fibra nerviosa.

     Como resultado, la respuesta de muchos bastones a una luz muy pobre se acumula de tal modo que, al combinarse con la gran abertura de la pupila y el efecto del tapetum, el gato necesita muchísima menos luz que el hombre para percibir los objetos. Sin embargo, es incorrecto decir que los gatos ven en la oscuridad: puede parecernos oscuridad, pero tiene que haber algún indicio de luz para que el gato vea.

     Una vista tan sensible tiene su precio. Debido al gran número de bastones (dispersos sobre una zona relativamente grande de la retina) que contribuyen a la señal de un sólo nervio, la visión felina con luz escasa es un tanto borrosa: no pueden percibir detalles finos u objetos pequeños (lo mismo ocurre, en menor grado, con la visión humana). Con luz diurna los bastones se vuelven inoperantes y el ojo depende de la visión de los conos. Cada cono está conectado por una fibra nerviosa individual con el cerebro, por lo que los conos dan una imagen mucho más precisa. La máxima concentración de conos está en la mácula, en el centro del campo visual, a la que le corresponde la zona de visión más perfecta. Sin embargo, el número de conos es relativamente pequeño en el ojo del gato, lo que implica probablemente que no puedan apreciar detalles tan finos como nosotros.

¿Ven colores los gatos?

     En el ojo humano, tres tipos distintos de conos absorben la luz roja, verde y azul, permitiéndonos ver los colores. Durante muchos años los científicos creyeron que los gatos tenían sólo una visión monocroma, porque no lograban enseñarles a distinguir unos colores de otros (p.e. premiándoles con alimento). Sin embargo, los gatos entrenados durante suficiente tiempo llegan a distinguir algunos colores, y se les han hallado conos sensibles al verde y al azul, pero no al rojo.

     Parece ser que los colores como tales significan poco en la vida diaria del gato, porque tardan mucho en aprender que el "punto" de un experimento reside en distinguir entre dos colores. Pero, dándoles tiempo, pueden distinguir el rojo y el azul entre sí y del blanco, aunque ven probablemente de forma muy parecida el verde, amarillo y blanco, y el rojo lo perciben como un gris oscuro.

La percepción en profundidad

     Al pasar las señales nerviosas por los nervios ópticos hasta el cerebro, son procesadas y le dan al gato información de lo que está viendo. Por ejemplo, y como cabía esperar en un depredador, el gato es particularmente sensible al movimiento. Los científicos han hallado neuronas especiales en el cerebro del gato que responden exclusivamente al movimiento.

     En general, la mayoría de los conos y bastones estimulados por la luz que llega del lado derecho del campo visual emiten señales al lado izquierdo del cerebro y viceversa. Esto se refiere a los dos ojos. Como resultado, cada lado del cerebro recibe dos juegos de señales, uno de cada ojo. La separación de los ojos significa que las señales se diferencian ligeramente, al ser sensiblemente distintos los puntos de vista. La comparación de las dos imágenes le permite al gato percibir la distancia y profundidad de los objetos, o lo que es lo mismo, ver en tres dimensiones. Su capacidad en este sentido es algo menor que la nuestra, aunque igualan o superan la de cualquier otro mamífero. En algunos casos (frecuentes antiguamente en siameses y gatos albinos) los nervios ópticos causan conexiones falsas neuronales entre los ojos y el cerebro (no envían algunas de las señales visuales al lado correcto del cerebro), traducidas en una mala visión binocular o tridimensional. Algunos gatos se vuelven bizcos seguramente tratando de compensar este defecto.

Aprendiendo a ver

     Todos los gatos nacen ciegos, y tiene los ojos cerrados durante los siete a diez primeros días de vida. La retina no está al principio completamente desarrollada y la visión es muy pobre. El gatito tiene que aprender a interpretar las imágenes que le llegan a las retinas, y su cerebro a procesar las señales que recibe, y no es capaz de ver como un gato adulto durante unos tres meses. A partir de entonces, la vista se convierte en un sentido importantísimo, tal vez en el más importante del gato.

El "tercer párpado"

     También llamado membrana nictitante, es un delgado pliegue de piel que parpadea diagonalmente sobre el ojo por debajo de los párpados. Ayuda a lubricar la córnea con las lágrimas, y ejerce además una función protectora. Está controlado por un músculo situado detrás del globo, y no se sabe exactamente por qué "asoma" en caso de enfermedad.

La visión binocular o "tridimensional"

     La fusión de las imágenes ligeramente diferentes de los dos ojos en el área visual del cerebro permite a los gatos ver en tres dimensiones, y evaluar la distancia, profundidad y tamaño. Esta facultad depende de una superposición de los campos visuales de los dos ojos (que cubre unos 98º cuando el gato mira de frente) y del cruce de algunas fibras nerviosas ópticas. La escasez de esos cruces puede hacer suponer que los siameses tengan una visión binocular pobre.

     La visión periférica se extiende otros 44º a cada lado, dando un campo visual total de 186º. Con sólo girar la cabeza, el gato puede ver todo su entorno; en cambio sus víctimas, aunque ven casi todo su entorno, andan mal de visión binocular.

Posición y estructura del ojo

     El ojo del gato está situado en una cuenca ósea del cráneo, amortiguada sobre almohadillas grasas. Los músculos que sujetan el globo ocular dentro de su órbita permiten el movimiento de los ojos en distintas direcciones. Dos párpados, casi camuflados por el pelo, se cierran protegiendo el ojo si algo toca las pestañas, los bigotes o el mismo ojo. Las glándulas lacrimales proporcionan lubricación y un lavado antiséptico.

     El ojo es de forma ligeramente oval, y de unos 18-22 mm. de diámetro. Está rodeado por la esclerótica, dura  blanca, sustituida al frente por la córnea, que es transparente. En el lado externo está la delgada conjuntiva. Detrás de la córnea están el humor acuoso, el iris en torno a la pupila y el cristalino (suspendido por músculos y ligamentos). El gelatinoso humor vítreo llena la cámara situada detrás del cristalino. Al fondo está la retina con sus vasos sanguíneos y los bastones y conos fotosensibles. Respaldando parte de ella está el reflectante tapetum lucidum y el resto el tapetum nigrum; entre ambos forman la coroides.

     El nervio óptico transmite señales al cerebro. Su corta longitud focal (debida a la curvatura de la córnea y el cristalino, además de los corto del globo ocular), le da, en comparación con el ojo humano, un efecto de gran angular.

 
 

 

 

 

 

 

   

 
   EL OLFATO Y EL GUSTO:

 

     Los hitos visuales y sutilezas de color que dominan la percepción humana del mundo están probablemente substituidos por los olores en el cuadro del mundo felino. Cualquier observador se dará cuenta de la importancia del olfato en el reconocimiento individual, por el modo con que un gato olfatea a conciencia cualquier objeto, persona o gato nuevo antes de tolerarlo; identifica también el alimento, primero con el sentido del olfato y sólo entonces lo degustará y comerá. Los estímulos del olfato y gusto dominan también el despliegue sexual y agresivo de los gatos.

     El gusto y el olfato constituyen de hecho partes importantes de un sistema sensorial más amplio en todos los mamíferos, conocido como sentidos químicos. Éstos permiten a los animales controlar los acontecimientos químicos que se desarrollan dentro y fuera de sus cuerpos. Casi todas las superficies húmedas del cuerpo, como los labios, vías respiratorias, córnea ocular y todo el aparato digestivo, así como la lengua y la nariz, tienen receptores que inician señales nerviosas al ser estimulados por sustancias químicas. Pero solo unos receptores especiales de la lengua y la nariz envían realmente al cerebro una información relativa a la naturaleza química de la sustancia estimulante, permitiendo su identificación.

     Los gatos, como todos los demás mamíferos, necesitan dos tipos específicamente diferentes de quimiorreceptores, caracterizados por los órganos del olfato y gusto. Pequeños receptores del revestimiento interno de la nariz son sensibles a sustancias volátiles del aire. Los receptores gustativos de la lengua permiten a los gatos detectar y reconocer sustancias que se disuelven en el agua y la saliva al lamer y al comer. El olfato y el gusto están íntimamente ligados, al desembocar directamente las fosas nasales en la boca.

     Los gatos tienen además un tercer sentido químico, que es como un híbrido del gusto y el olfato, y tiene su propio receptor en la boca. Llamado órgano vomeronasal o de Jacobson, por su descubridor,, es un pequeño embolsamiento en forma de puro, con una angosta salida que parte del techo de la boca. Se la ha hallado también en otras especies, como el ciervo y el caballo, pero , no existe como tal en el hombre (físicamente existe un órgano rudimentario, muy pequeño y completamente atrofiado).

     El órgano de Jacobson es estimulado por las sustancias químicas olorosas "cazadas" por la lengua en el aire y transferidas por la lengua a la abertura del órgano de Jacobson al oprimir el gato la lengua contra el paladar. Los gatos hacen un gesto facial inconfundible, llamado "reacción flehmen" (verbo alemán intraducible directamente, exclusivo de este gesto), cuando se les estimula el órgano de Jacobson. Se ve usualmente en los machos que responden a los olores "eróticos" (feromonas) producidos por las gatas en celo, y se puede observar también en los gatos de ambos sexos cuando se disponen a sestear.

 
 

 
 

Órganos del olfato

     La mayor parte del órgano encargado de detectar los olores está oculto a la vista. Dentro de la nariz del gato hay un laberinto de huesos y cavidades; al respirar, el aire pasa a través de ellos y se calienta y humedece. Parte del aire tiene que pasar por una zona especial del revestimiento interno llamada mucosa olfatoria, que cubre una región relativamente grande, de 20 a 40 cm² (casi el doble del tamaño de la mucosa olfatoria de los conejos o del hombre). Esto nos indica la importancia del olfato para el gato.

     El examen microscópico de la mucosa olfatoria revela una disposición de células muy compleja, pero las que encierran la clave de la detección de los olores son las células olfatorias. Hay unos 200 millones de ellas, que ejercen la función combinada de dar la primera señal de respuesta a un olor, y de transmitir después esa señal por los nervios de conexión hasta el bulbo olfatorio del cerebro.

Órganos del gusto

     La lengua del gato ejerce varias funciones asociadas con la acción de comer y la de acicalarse, y lleva en la superficie gran variedad de receptores sensoriales, como detectores especiales de la temperatura, y otros del gusto.

     En alguna ocasión nos ha llamado a todos la atención el que la lamida del gato se parezca tanto al papel de lija. Esta calidad abrasiva se debe a un sinfín de papilas. Las hay de muchas clases, pero las del centro (papilas filiformes) son como unos ganchos vueltos hacia adentro, que ayudan a sujetar la comida o la elusiva presa, y a dejar los huesos pulidos. No tienen receptores. Otras papilas fungiformes (en forma de seta) del frente y bordes laterales de la lengua llevan receptores gustativos, que hay también en cuatro o seis grandes pailas circunvaladas (en forma de copa) del dorso de la lengua.

     En los gatos se ha cartografiado extensamente la respuesta de las células gustativas a los distintos estímulos. El gusto de los mamíferos tiene en general cuatro dimensiones básicas: dulce, salada, amarga y ácida. Los gatos son algo anormales, aunque no únicos, en el reino animal, ya que no muestran una respuesta significativa a las cosas dulces. Para complicar más las cosas, tienen una sensibilidad acentuada al sabor del agua; ese sentido "activo del agua" podría estar conectado con su falta de respuesta a lo dulce. Da la impresión de que los receptores del sabor del agua dominan los pocos receptores del dulce que tiene el gato; cuando se suprime el sabor a agua de un líquido, añadiendo pequeñas cantidades de sal, el gato recurre a bebidas dulces.

     Todo esto es particularmente enigmático, dado que los gatos no soportan muy bien azúcares en su dieta, y uno debería pensar que esa sensibilidad contra el azúcar los capacitaría para evitar comerlo. En vez de ello, algunos gatos (sobretodo los siameses) tienen diarrea en respuesta a la lactosa que contiene la leche de vaca, y la mayoría de ellos toleran en su dieta niveles muy bajos de glucosa y sacarosa.

Identificación de los olores

     En la naturaleza los gatos comen, por supuesto, carne, que les proporciona una dieta rica en proteínas y grasas animales. Los científicos han descubierto que muchos compuestos químicos que contienen nitrógeno y azufre (como algunos aminoácidos de los que constituyen las proteínas) estimulan particularmente los receptores gustativos del gato (no está claro si otros animales tendrán la misma respuesta a los derivados de las proteínas).

     Probablemente los gatos no "saborean" las grasas de la carne, que estimularían más bien su olfato. Unas carnes huelen muy diferentes de otras (el conejo huele distinto de la ternera, y el hígado huele distinto de los riñones) y los gatos son, sin duda, muy sensibles a los diferentes olores. Esto explica probablemente cómo establecen ellos gustos y aversiones muy definidas hacia los alimentos.

     La identificación del gusto se produce muy pronto en los gatos; los gatitos de un día pueden distinguir ya entre líquidos salados y no salados. Pero es casi seguro que con los años, igual que en el hombre, se les deterioran los sentidos del gusto y del olfato. Ciertas infecciones respiratorias virales o la "gripe del gato", particularmente la FVR, pueden causar una pérdida temporal o permanente del sentido del olfato por la obstrucción de las vías nasales por mucus. En estos casos los gatos pueden perder el apetito hacia sus comidas habituales, y a veces sólo se les puede tentar a comer mediante bocaditos de olor tan penetrante como arenque ahumado o el hígado a la parrilla.

     Esta relación entre el olfato y el apetito ilustra la importancia del olor para el gato. Hay otros casos en los que la conducta normal de los gatos se ve afectada significativamente por la pérdida del olfato, en especial el cortejo sexual, hábitos deyectivos, marcaje olfativo y el éxito en la caza. En conjunto, nuestros sentidos, bastante mal desarrollados, del gusto y, sobre todo, del olfato, nos dejan en condiciones muy pobres para apreciar las sutilezas de las experiencias sociales y gastronómicas del gato.

La hierba gatera

     El olor de ciertas plantas puede suscitar gran interés en los gatos. Sobre todo la llamada hierba gatera, Nepeta cataria, que crece salvaje en las zonas templadas de Europa y Norteamérica, y se puede cultivar fácilmente en jardines o en casa.

     La esencia de esta planta que atrae a los gatos, la nepetalactona, se ha extraído y caracterizado químicamente, y hoy se vende como aerosol o como impregnación de juguetes (p.e., los conocidos "ratones perfumados"). La valeriana, Valeriana officinalis, hierba olorosa que puede cultivarse en cualquier rincón del jardín, ejerce un efecto similar.

     Se ha observado la respuesta a esa hierba en gran variedad de félidos salvajes, incluyendo leones, pumas y panteras, así como en los gatos domésticos. La secuencia de conducta característica consiste en olerla, mascarla, restregarse, revolcarse por tierra y maullar. Esto varía en intensidad de un gato a otro, y los machos suelen excitarse más que las hembras. No todos los sujetos responden a esa hierba y la capacidad de detectarla es hereditaria, pero el 50% o más que reaccionan pasan al parecer por un trance de intenso placer que les dura de 5 a 15 minutos.

     En uno y otro sexo, algunas de las posturas adoptadas son como las que muestran las hembras en celo: pisoteo rítmico, revolcón y reacción flehmen. Sin embargo no parece relacionarse con la conducta sexual, pues los machos y las hembras castradas presentan la misma respuesta que las hembras enteras. Parece más bien que al llegar al cerebro las moléculas de nepetalactona inducen un auténtico estado psicodélico. Se ha visto a los gatos sentados y mirando al infinito, o cazando ratones imaginarios. El olor de la hierba gatera afecta las mismas vías bioquímicas que la marihuana o el LSD.

 

Nepeta cataria en estado silvestre

 

   
Nombre científico: Nepeta cataria     Família: Labiadas
 
Nombre común: nébeda, hierba gatera, menta de los gatos, catnip

 

Descripción: planta herbácea perenne nativa de Europa y América del Norte de hasta un metro de altura, olor aromático y tallo erguido cubierto de pelos. Hojas opuestas provistas de largo pecíolo, con la lámina superior de color verde claro y la inferior tomentosa y de tonalidad más clara, acorazonada y dentada en el margen. Flores dispuestas en la axila de las hojas, en espiga, con dos brácteas delgadas. El cáliz es pentadentado, y la corola,tubular bilabiada: el labio superior es a su vez bilobulado y el inferior trilobulado. El fruto está formado por cuatro aquenios elipsoidales de color oscuro. Crece con preferencia en las zonas montañosas, junto a los senderos, próximo a las corrientes de agua. Se recolecta hasta finales de primavera.

 

Cultivo: es una planta de cultivo fácil. Esparcir las semillas en tierra durante la primavera y cubrir ligeramente con tierra arenosa. Si la tierra se encuentra húmeda las plantas nacerán al poco tiempo. Prefiere media luz y tierras agotadas. Soportan las heladas mientras no se las riegue.

 
Compuestos químicos: carvacrol, pulegona, timo¡, mentol, nepetol, tanino, acetato de metilo.
 

Propiedades: la planta posee una acción parecida a la valeriana y se asocia a ella en diversas composiciones calmantes. Se utiliza fresca como aromatizante de las ensaladas. A partir de esta especie se extrae una esencia de color verdoso, de acción emenagoga. El enolito presenta acción calmante en la pertosis. Antiespasmódica, sedante, emenagoga, báquica y estomacal. El té de Nepeta era una bebida regular en Inglaterra antes de la introducción del té de China.

 

     En España se han descrito hasta 5 especies próximas (Nepeta Lamiaceae), localizadas principalmente en el suroeste de la península: Nepeta cataria Lamiaceae; Nepeta amethystina var. anticaria Ladero & Rivas Goday; Nepeta multibracteata Desf.; Nepeta tuberosa L. subsp. tuberosa y Nepeta apuleii Ucria.

 

 

Nepeta cataria cultivada

 

Nombre Científico: Nepeta CaLas hojas masticadas actúan como odontálgico, y si se fuman detienen el hipo.

Información general procedente de M.Wright & S.Walters (The Book of the Cat, London 1980) y Virginie & Cédric
Girard, CHatterie Koolkat (Maine Coon). Revisión científica y desarrollo: Dr. Ricard Bargués.

 

 


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