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Desde pequeña he creído en Ti

pero a lo largo de mí caminar

mi corazón sintió alguna vez dudas

y mi mente te preguntaba:

¿Padre mío, donde estás?,

y algo en mi interior me respondía,

Dios está conmigo, seguro en mí está.

 

Y fueron pasando los años

y el mundo fue tejiendo sobre mí

su trampa mortal

y yo iba quedando en esta red atrapada

y mi corazón preguntaba:

Dios mío, respóndeme ¿dónde estás?

y mi interior respondía:

Dios está conmigo,

seguro en mí está.

 

Pero Señor, un día esa trampa mortal

a mi casa vino a anidar,

destruyendo lo más bello que yo tenía

y mi corazón destrozado

te decía: Padre mío

¿porqué no me ayudas?

¿dónde estás?

Y esa voz interior me decía:

Seguro en mí está.

 

Y de repente te desafié

y te dije: Padre mío,

si de verdad en mí estás,

no me sirven tus silencios,

pues dudas no quiero más.

Y corrí hacia tu búsqueda y dije:

Ahora te voy a encontrar.

 

Y arranqué de mí esas dudas

Y cogí mi cruz a cuestas

y te busqué sin descansar y te dije:

 Padre mío respóndeme ¿dónde estás?

Señor me siento desfallecer

pero no importa porque sé que soy tu hija

y aunque tanto te ofendí

y conmigo estás enojado,

yo sé que Tú me perdonas

porque infinita es tu bondad

y aunque ahora no quieres responderme,

yo sé que un día Tu me hablarás,

porque no te pido riquezas,

ni tan siquiera te pido dignidad,

te pido que salgas de tu silencio

y conmigo quieras hablar,

pues te necesito tanto

que el mal que a mí me embarga

solo Tú puedes curar,

así que mientras que a mí me queden fuerzas,

no te dejaré de buscar

porque sé que Tú existes

y un día me querrás hablar,

no sé cuando

pero sé que así será,

porque Tú en mí estás.

 

María de las Mercedes FLOR DE DIOS

 

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Quiero darte mi amor tierra,

por si un día no te veo

y que mi huella pequeña y gris

surque en tus caminos,

caminos diminutos

como la huella que puse en ti.

Quiero que me ciegues sol,

por si un día no te veo

y que tus rayos recuerden,

que un día

me segué por ti.

 

Quiero recordarte montes y valles,

por si un día no te veo

y nunca te olvides

que en tu maleza salvaje

lecho verde y dorado fui.

 

Quiero mirarte ríos y mares,

por si un día no te veo

pues piensa que yo, alguna vez,

de tus aguas,

lluvia y fuente fui.

 

Quiero, madre naturaleza

que si un día no te veo,

recuerdes que yo,

fruto de tu tierra fui.

Fruto fresco y a veces marchito,

fruto alegre pero mas veces triste,

fruto, mañana muerto.

Pero quiero que sepas

que en mi paso fugaz

por tu naturaleza,

todo lo que yo tenia di.

Por eso madre naturaleza,

quiero que me recuerdes

por si un día no te veo.

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Un día amargo y oscuro

envuelta yo en mis penas,

mi corazón destrozado,

te dijo Padre:

"Ven y atiende a tu hija perdida y pequeña.

Pequeña soy, porque Tú eres grande

y yo, como un granito de arena".

 

Sabes Padre que te busco

y no descansaré,

hasta que Tú te conmuevas.

Recuerdo las veces que me dijiste:

"Hija mía, recuerda el camino de Jesús,

no te apartes, no te pierdas".

 

Y yo Padre mío,

pensaba que eran consejos de viejas

y feliz vivía yo

como un potrillo,

en un campo de hierbas.

 

Me fui alejando de Ti

como potro que no quiere riendas,

y hoy Padre que te busco

justo es que Tú no me atiendas,

reconozco mi culpa, te pido perdón

y espero que Tú te conmuevas.

 

Y aunque pase mucho tiempo

y larga sea la espera,

con mi llanto día a día regaré

tu divina presencia,

y te desarmaré Padre amado

y responderás a mis penas,

porque si la fe mueve las montañas,

Tú que eres infinito amor,

como mi fe no te moverá, a ti Dios Santo,

yo que soy tu hija,

perdida y pequeña.

 

María de las Mercedes FLOR DE DIOS

 

 

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¡                    !

¡Oh dolor!, ese dolor que me invade y recorre, mi vientre, mi estómago, mi cabeza y todo mi ser y sin embargo, no padezco enfermedad alguna.

¡Oh dolor! Has tendido tu red en mi interior y anidando en mi, anudas mi estómago, tirando de todos mis sentidos estallando en mis sienes.

Siento dolor por ti, hijo mío Joaquín, que luchas y no encuentras recompensa a tu gran esfuerzo. Lo conseguirás, no abandones.

Siento dolor por ti, hija mía Merceditas, que radias amor y sin embargo, no encuentras el gran amor de tu vida. Un día llegará, es mi deseo.

Siento dolor por ti, hijo mío Paquito, que padeces enfermedad incurable, por lo cual mi dolor por ti, es eterno. Dios tenga compasión de ti.

Siento dolor por ti, hija mía Silvia, que no encuentras el camino de la verdad y te sientes tan perdida. Lo encontrarás sin duda.

Siento dolor por ti, hija mía Eva, que no sé que te depara el destino, siempre incierto. Dios te guardará.

Siento dolor por ti, amado mío Enrique, cuando en las noches tu respiración se entrecorta y tus nervios estallan en mi piel, por todos esos problemas que yo sé que tienes, pero que tú no me los cuentas. Dios te dé los conocimientos verdaderos y llegará tu recompensa.

Siento dolor por ti, humanidad, que arrastras todos los vicios, crímenes, pobreza, enfermedades… por los siglos de los siglos… y con tanto dolor a mí, se me parte el alma.

¡Oh dolor! Que cómodo habitas en mí, yo que soy una fuente de dolor, vidas tras vidas.

Te pido, oh mi fuente de dolor, duérmete por un momento, déjame que sea feliz, ya que cuando tú descansas, yo corro e imagino que soy como cuando tú no estabas, pero despiertas derramándote lentamente sobre mí y siento como me inundas.

¡Te desprecio! Dolor moral y sin embargo me entrego a ti. Porque no puedo dejar de sentir amor y compasión, por todos aquellos que sufren.

Mercedes Tomé Bueno

     

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Pasan los días oscuros y fríos,

¡qué dolor!, mi alma está oprimida.

 

Hijo mío hundido en tinieblas

como darte la razón,

como darte la vida,

no encuentro la salida

en tu razón sinrazón,

¿dónde encontrar una respuesta

en tu oscuridad siniestra?,

¿dónde encontrar una puerta

en tu laberinto interior?.

 

Pasan los meses sin interés, sin amor.

¡Qué dolor!, mi alma está oprimida.

Hijo mío, como darte la ilusión de vivir.

 

Quisiera convertirme,

en un rayo de luz divina

e invadir con mi luz

tus grutas oscuras y frías.

Quisiera que mi mente,

lúcida y tranquila

se posara en la tuya,

y así, feliz tú serías.

 

Pasan los años, ¡Dios piedad!,

¡qué dolor!, mi alma está oprimida,

¡Hasta cuando Señor!,

¡tantas enfermedades!,

tanta oscuridad.

Si en algo yo te ofendí,

pon tu ira sobre mi,

bendice a mi hijo, Señor,

yo tengo fe en Ti.

 

Jesús, escucha mis ruegos.

Mercedes Tomé Bueno

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Oh Señor, como me siento de cansada,

¿porqué en mi cruz, día a día me clavas?

Atraviesas mi corazón

y me das de beber en el cáliz de la hiel,

sin darme una explicación.

 

Oh Señor, si siempre te he sido fiel

¿porqué lágrimas siempre me das,

si yo no quiero llorar,

ni sufrir esta locura?

Hieres lo que yo quiero mas

y me abandonas

en ese mar de llanto,

para toda la vida.

 

Oh Señor, si yo en Ti siempre creí,

y así te lo demostré,

¿porqué me dejas caer por esta oscura colina?

En mi caída oirás tu nombre,

sin odio pero con ira.

Me tienes que perdonar,

pues sin darme una explicación

me clavas en mi cruz,

atraviesas mi corazón

y me das de beber en el cáliz de la hiel,

para el resto de la vida.

 

Mercedes Tomé Bueno

 

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Seca mis ojos Señor,

para cuando llegue el triste momento

las lágrimas no broten por ellos.

 

Duerme mi alma Señor,

para cuando llegue ese amargo momento

mi alma se salve de este tormento.

 

Endurece mi cuerpo Señor,

para cuando llegue el triste momento

mi cuerpo no se rompa

de tanto sufrimiento.

 

Dame la calma Señor,

no permitas que enloquezca

de tanto quebrantamiento.

 

Enséñame Señor,

a llevar mi pena por dentro.

 

Dame fuerzas Señor,

para cuando llegue ese horrible momento

mis hijos no sufran mi triste tormento.

 

Tú que lo puedes todo,

haz que en ese momento

mi hijo vea tu imagen, y lo reconfortes en su sufrimiento,

protégelo Señor, en tus brazos tiernos,

y

en ese momento,

llévatelo a tu cielo eterno.

 

Y a nosotros Señor,

danos fuerzas para continuar en este valle de dolor.

 

Te ruego pues, mi Señor,

que cuando llegue ese desgarrador momento

endurezcas mi cuerpo,

para que no se rompa, de tanto sufrimiento.

 

Mercedes Tomé Bueno

 

 

 

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Pasos a pasos dolorosos, me aproximo a la consumación del dolor mas profundo que una madre puede sentir, la perdida de uno de sus hijos.

         

Justo es que yo me asemeje

a quien es mi modelo y mi guía,

Jesucristo crucificado.

Pero yo muero en esta cruz

por mis propios errores

y Jesús murió

por darme a mi la vida.

 

¡Padre! aparta de mí este cáliz tan amargo.

Pues estoy contemplado mi cruz,

en su cuerpo frío esta prendida,

¡es mi hijo! Padre santo,

y quiero tocar su rostro sin vida.

 

¡Escúchame Padre mío! están clavadas mis manos,

y no puedo acariciar

a quien yo le di la vida.

¡Oh Padre! deseo acariciarlo,

pero los clavos hirientes, de dolor me paralizan.

¡No puedo! ¡No puedo! ¡Piedad!

Quiero abrazar su cuerpo,

para unirlo al mío y poder de nuevo darle la vida.

 

"Pero, están atravesados mis pies"

Mientras se llevan su cuerpo sin vida,

que terrible sufrimiento, no puedo acompañarlo.

¡Dios santo! El cuerpo de mi hijo es arrastrado,

hasta aquel agujero oscuro y húmedo.

Mi corazón esta siendo atravesado y muero.

 

¡Padre! Consumado, está.

¡Dios¡ ¡Dios¡ ¡Dios mío!

A Ti te confío el alma de mi hijo.

 

Padre, hágase en mi, según tu voluntad.

 

María de las Mercedes Flor de Dios

 

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Y así después del salto (aunque doloroso) sublime que significa la vida después de la muerte, mi pobre alma sueña con su verdadera naturaleza y uniendo cuerda de amor con el que se fue( mi hijo) mi alma lo recuerda y añorándolo le escribe este poema con la seguridad de saber que el que murió en esta tierra (mi hijo según su cuerpo) su espíritu y su alma viven eternamente en su verdadera naturaleza, que es la naturaleza sobrenatural.

Este poema como casi todos los puestos en esta pagina, Buscando a Dios, fueron escritos antes del renacer de mi espíritu, pero Dios ya me preparaba para lo que en un futuro muy próximo me iba a suceder: de manera que, A DIOS ANGEL MIO, fue una de las ultimas expiraciones que el Espíritu Santo me dio, antes de convertirme Dios, en una nueva criatura.

       

                

     

Hace un tiempo no muy lejano,     

que yo, cogí el cielo con mis manos,     

entre nubes me escondí     

y a cinco Angeles concebí.   

 

Y cogidos de la mano a la tierra me los traje,

pero la tierra no es el cielo,

y los seres humanos, no son Angeles.

 

Y así con la inocencia en el alma

y nuestro amor por bandera,

fuimos cayendo en las trampas

que nos tendió la madre tierra.

 

Pero yo había pensado, que traer del cielo Angeles,

la tierra podría cambiar,

pero no, cambiaron los Angeles.

 

¿Cómo cinco Angeles y un Alma,

pretendió vivir en la tierra?

 

El cielo sé puso gris,

los Angeles lloran su pena.

 

Pero un día, uno de mis amados Angeles

se canso de estos absurdos mortales,

y partiéndome el corazón me dijo:

¡Me marcho madre!

 

Y no intentes detenerme

pues ya vi, estos mundos infernales,

vuelvo de donde procedo, allí me espera mi Padre.

 

Y aunque sé que té quedas muy triste

y no podrás consolarte,

tienes que comprenderlo,

pues no logro entender, a estos extraños seres.

 

Así madre querida tienes que consolarte

porque tu Angel querido se va al cielo,

en donde me espera mi Padre:

 

En un planeta muy lejano llamado tierra,

vive un alma desolada, por el adiós de su Angel.

 

Este poema lo hice días después del fallecimiento de mi hijo Paquito:

Querido Ángel mío, dame tu bendición desde los mundos perfectos, en donde sé que EL PADRE BUENO, TE LLENA DE SU SANTÍSIMA GLORIA.

Mercedes Tomé Bueno

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Ay pobre corazón mío,    
tú que gimes sin cesar    
y lo buscas en tus latidos      
y sientes como tu pecho está partido,        
al no tener en ti su amor correspondido           
a pesar de tu buscar.

Ay mente,
tú que te niegas a otro pensar
y lo buscas en todas las cosas
y todos se burlan de ti
y te dicen que Él no está
y sientes como tu corazón se rompe   
y replicas: "Si Él, en mi está".


Y sigues en tu incesante buscar.

Ay alma,
tú que me callas guardándome el misterio   
de Aquel que te puso en mi.
¿Porqué no me dices de que forma?
¿Cuál es la clave que debo yo de saber?
Para que al fin, lo logre encontrar.

Ay mi mano,
que al desesperar escribes poemas,
contándole cuanto le amas
y Él ni siquiera te deja
que tú, su rostro puedas contemplar
y rendida ya, no tienes fuerzas
para poder continuar.

Ay espíritu mío,
tú que a Él lo conoces bien,
dile que muero por Él
sino me viene a mirar,
sin Él ningún sentido mi vida tendrá,
pues vivo para poderlo encontrar
y sino lo encuentro,
entonces no quiero vivir más.

 

María de las Mercedes FLOR DE DIOS

 

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