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El alma redimida

es alma santa

y hermana mística del espíritu.

ERES MI POETISA DE AMOR

Poetisa de mi Dios soy

pues Él así me nombró

y para escribir mis poemas

siempre le pido inspiración a mi Dios.

 

Padre mío,

dame la inspiración de tu amor,

y el espíritu santo de Dios,

acude a mi súplica de amor

y con sus parábolas rítmicas y sabias,

inspira a este pobre corazón,

corazón prendido en llamas,

en las llamas que Dios me prendió

y es por eso que yo le suplico:

 

"Padre mío, calma a este corazón,

dame tu canto de amor,

pues siempre deseo darte gloria mi Dios".

 

Y cuando el Espíritu Santo acude a mí

y me da la inspiración,

yo como el fuego me quemo

con esa flama de amor.

 

Y entonces bendito seas Padre mío,

pues se cumple aquello que me dijiste un día:

"Eres mi poetisa de amor".

 

Y mi corazón quedó prendido en tu llama

y se quema entre cánticos de amor.

 FLOR DE DIOS

AY MARIA ALMA MIA

Ay María alma mía

ahora eres Tú mi santa,

la que yo soñé un día.

Y siendo todo en Ti pureza,

me enamoras día a día

y yo sé que Tú por mí lloras

pues no quieres más guía,

que mi guía.

Es tanto tu puro amor

que arde tu corazón

al oír el sonido de mi voz

y por eso callas y sueñas

entre latidos de amor.

María dulce alma mía,

mi santa,

la que yo soñé un día,

cántame tus alabanzas

pues bendita eres alma mía.

 FLOR DE DIOS

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TU BOCA HERMOSA

Tu boca hermosa,

a mí me lo ha dicho

y me lo ha dicho

en parábola, en rima y en prosa.

Y mi boca, que es boca loca,

aprende de Ti,

de tu boca hermosa

y te habla en parábola, en rima y en prosa.

Pero sólo tu boca hermosa

sabe hablar a todas las cosas.

Y enseñas a hablar

con perfume a la flor.

Y enseñas a hablar

con gorgoritos y trinos al pequeño ruiseñor.

Y enseñas a hablar

con rugidos al león.

Y enseñas a hablar

con lamentos a quien su pena lloró.

Y enseñas a hablar

con latidos a mi corazón,

cuando le hablas de amor.

Y siempre Señor,

tu boca hermosa

habla a todas las cosas,

en parábola, rima y en prosa.

Y todas las cosas que te aman

te responden con tu mismo hablar,

en parábola, en rima y en prosa.

Pues ellos aprenden de Tí,

de tu boca hermosa.

 FLOR DE DIOS

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TRINAS

Encontrándonos la tres

en alabanzas reunidas,

el ángel del Señor nos manifestó

lo que la voluntad de Dios quería,

que mi cuerpo fuera el árbol,

que mi alma fuera la vida

y que mi espíritu fuera la causa

de que las tres, una sería.

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Y UNA

Y así siendo una sola, las tres,

a la vez tres éramos en armonía,

mi cuerpo como árbol hacia el cielo

firmemente crecía,

mi alma como la vida

con su agua me regaba cada día

y mi espíritu como era la causa,

todo el efecto conseguido en nosotras

al Padre le transmitía

y el Padre como causa primera

a las tres nos bendecía.

flor de Dios

COMO CIERVA HERIDA

(salmo)

 Como cierva herida

por la flama de amor de mi Dios,

corro por el mundo cantándole mis alabanzas.

Como cierva sedienta de ti, Señor,

busco en la tierra

tus ríos caudalosos de agua viva.

Señor, no pude calmar mi sed

de cierva sedienta y herida.

Algunos hombres secaron tus ríos de agua viva,

y fabricaron cisternas de vino,

vino que embriaga, y confunde tu verdad.

Señor, como cierva herida hablé,

mas mis palabras no oyeron.

Señor, como cierva herida lloré,

lo que algunos hombres me respondieron.

Eres Dios Santo, para tantos una leyenda,

para los déspotas un Dios despiadado,

y para tu cierva herida y sedienta de amor por Ti,

eres Señor,

el Dios vivo que inflamas mi pecho de amor,

mi espíritu, de tu Espíritu Santo,

mi muerte, de vida.

Y me riegas cada día

con tu manantial de agua viva.

Y corro como cierva inflamada de amor por Ti,

como cierva sedienta y herida.

Y predico tu verdad:

Dios está vivo, Aleluya.

Dios es infinitamente bueno, Aleluya.

Dios es nuestro manantial de agua viva.

Aleluya, Aleluya, Aleluya.

Y corro como cierva sedienta y herida.

Y bebo en los ríos caudalosos, Señor,

de tu tierra prometida.

Como cierva sedienta y herida. 

  FLOR DE DIOS

(segundo-salmo)

(de) 

 LA CIERVA HERIDA

Señor aunque bebo en los ríos caudalosos de tu tierra prometida, continuo

buscando en la tierra, tu río de agua viva.

Y como cierva herida huí

con aquella flama de amor

que a mi corazón traspasaba,

y por aquellos parajes

a quienes encontré preguntaba:

"¿Sabéis en dónde está ese río

que cura, pues es agua santa

en el cual podría yo saciar mi alma?

¡Mirad que estoy herida de amor

y mi corazón me sangra,

tened caridad de mí!

¿Decidme en dónde están esas aguas?"

Más ellos le respondieron entre dientes:

"Está en esa montaña"

La cierva herida corrió

a través de la maleza

hacia la búsqueda de aquellas aguas,

dejando en aquel camino

un riego de sangre,

a causa de aquella flama

que de amor le atravesaba.

Y fue subiendo y subiendo

y buscando en la montaña,

pero solo encontraba ríos turbios,

aquellos ríos, no eran su río,

el río que ella buscaba,

el río de agua santa.

Y volvió a preguntar

a las gentes que en aquellos ríos

se saciaban:

"¿Sabéis en dónde está ese río

que cura pues es agua santa?

¡Tened caridad de mí,

mirad que tengo herida mi alma!"

Y las gentes rehusando su mirada

le dijeron:

"Míralas, aquí están esas aguas"

Y la cierva al oír estas palabras,

cayó sin fuerzas en la tierra

y lloró hasta no tener más lágrimas.

Después siguió su camino

sin beber de aquellas aguas,

pues ella sabía que existía

aquel manantial de aguas.

Y aunque herida de amor

por aquella llama estaba,

ella siguió buscando

y no bebió de otras aguas.

y todos al verla morir de sed,

se reían, se burlaban,

pensaron que estaba loca,

pues ella no quiso beber

de aquellas sus turbias aguas.

Pero la cierva aunque herida no murió,

pues Dios desde la tierra prometida la saciaba

con aquellas benditas aguas

y aunque herida estaba de amor,

Dios con su agua viva

su herida purificaba,

siendo este riego tan dulce y profundo

que la cierva no sentía ningún dolor,

aunque su corazón sangraba.

Y así la cierva herida corrió

a ofrecer su agua de amor,

que es la palabra viva de Dios

que en ella se derramaba,

pero nadie la quiso beber

apartándose ellos, de estas benditas aguas.

Entonces la cierva cayó en la tierra

y se echó a llorar hasta no tener más lágrimas

y después se marchó buscando la soledad,

y se bañó en sus aguas,

el agua que bajaba del cielo

y que con su amor la regaba.

Y así la cierva fue floreciendo

como la flor que el Padre cuidaba,

y un día le dijo Dios:

"No llores, flor de mi alma,

que un día tú serás como una estrella

que guía a los luceros del alba,

pues ellos sabrán de ti,

que fuiste flor de mi alma

y entonces como un lucero,

brillarás sobre las almas.

Eso te lo digo Yo,

que soy aquel que lo manda,

entretanto tú,

 continua regando

esta tierra con mis aguas,

pues es agua que quita la sed

y que purifica el alma

y mientras, mi amada cierva,

yo cuidaré de ti

y curaré tus heridas

y saciaré tu sed del alma.

Así que corre veloz,

no detengas estas aguas,

que son la palabra de Dios

que Yo pongo en tu alma

y tú espíritu que ha florecido

como rocío se diluya y caiga

sobre aquellos que deseen beber

de esta lluvia tardía,

pero que es lluvia templada.

Pues tengo pena en mi alma

de ver como tantos beben

de esas tan turbias aguas,

que es la palabra que aprendieron

y dicen que es mi palabra santa.

ellos no saben de mí,

ellos no bebieron de mis aguas,

ellos bebieron de unos ríos

que aunque descendieron de mí,

ellos enturbiaron con sus mentes

y convirtieron mis aguas

en instrumento para ellos convenientes,

así que contaminaron mis aguas

y la dieron a beber a las gentes.

Y de esta manera ocurrió

que nadie en la tierra conoce

como es el Dios clemente,

así que mi cierva querida

no desfallezcas, entrega mis aguas

a todas mis gentes.

pues Yo los amo en verdad

y ellos a mí, no me conocen".

Y la cierva herida

sobre la tierra cayó

y lloró hasta no tener más lágrimas,

pero Dios la consoló

y la bañó con sus aguas.

Y la cierva herida corrió

a derramar por la tierra

estas benditas aguas.

Por si pudiese fluir de nuevo

aquel río de agua

que todo lo cura,

pues son aguas santas,

es la palabra de Dios vivo

que está clamando en su alma.

Que lleguen hasta vosotros estas benditas aguas, es mi deseo.

 FLOR DE DIOS

 

AY PADRE MIO CUANTO TE QUIERO

Ay Padre mío Rey de los cielos

y de la tierra Eres consuelo.

 

Ay Padre mío en Tu grandeza

se eleva mi espíritu por Tu pureza.

 

Ay Padre mío Tu risa Santa

da melodía a mi garganta.

 

Ay Padre mío con Tus cantares

sueña mi alma en los trigales.

 

Ay Padre mío Tu brisa suave

enreda mi pelo en los rosales de tus senderos.

 

Ay Padre mío cuando me arrullas

soy una niña en Tus rodillas.

 

Ay Padre mío y Tus manos suaves de terciopelo

desenredan mi pelo de los rosales de Tus senderos.

 

Ay Padre mío dulce consuelo

en esta tierra eres Lucero.

 

Ay Padre mío luz de mis ojos

y de mis labios el dulce beso.

 

Ay Padre mío sol de mi cielo

y luna blanca de mis te quiero.

 

Ay Padre mío firme sendero

y escudo fuerte en el que yo me refugio y espero.

 

Ay Padre mío cuando te pienso

truenos y rayos suenan a besos.

 

Ay Padre mío cuanto te quiero

Ay Madre santa sin Ti, yo muero.

 FLOR DE DIOS

DAME TU MANO, HIJA MIA

   

Dame tu mano hija mía,
caminos duros te esperan.

 

En mis manos encontrarás
el cabo que une tu cuerda.

 
Mi Espíritu Santo tu guía será
y tú como mi instrumento serás cuerda
y como cuerda atarás los cabos
que los hombres soltaron en la tierra.

 
Ea pues hija mía,
mi Espíritu Santo hará que tú,
todo lo entiendas y tú podrás anunciar
lo que Dios a ti te ordena.


Sólo a través de Jesús
se salvará esta tierra.


Tú une los cabos que el Espíritu Santo te dirá
y que la razón a los hombres vuelva.

 
Muy pronto llegará Jesús,
como rey de esta tierra,
lo que promete Dios lo cumple,
lo mío no son quimeras.


Así pues, tú une los cabos
que mi Espíritu Santo te dirá
y quienes tengan oídos que oigan
y quienes tengan ojos que vean
y quienes estén ciegos y sordos
que busquen en sus conciencias.

 
Que sepan que el Creador
siempre tiene instrumentos en la tierra. 

Dame tu mano hija mía,
caminos duros te esperan.

 FLOR DE DIOS

           

VI. TU FUERZA QUE ERA GRANDE GRANDE GRANDE   

         

¡Oh Padre mío!

Cuando me mostraste tu infinita fuerza

estando yo sumergida en ella,

oí tu voz que me decía:

 ¿Flor, querías verme?

 

Y Tú bien sabes Padre que sí,

pero era tanto mi placentero vacío, que en ese momento anhelante,

con mi cuerpo lleno de amor y de paz

mis labios solo pudieron decir:

"Padre, Madre, Padre".

 

Te reconocí Padre amado

aunque tu rostro no me enseñaste

pero en todo mi ser sentí el roce de tu dulce voz

y vi tu fuerza que era grande, grande, grande.Con ella lo llenas todo.

¿y como puedo comprender que siendo yo

pequeña, pecadora e ignorante?

Tú me distes a conocer "Nirvana",Tu fuerza de amor inigualable.

¡Oh Dios mío!

Me sentí tan llena de Ti,

que allí quise quedarme.

Pero de pronto mi alma

se encontró de nuevo en mi cuerpo material,

el que Tú, Padre mío, reformaste

y desde entonces mi alma y mi carne, no dejan de repetir:

"Padre,   Madre, Madre"

 

Dios Santo ya no me siento mía,

siento que Tú, entera me invades

y te pienso y te añoro

y mi corazón en mi pecho no me cabe,

porque Tú lo has llenado todo,

cuando con tu voz me rozaste.

Y mis ojos vieron tu infinita fuerza,

que era grande, grande, grande.

Y me dijiste envolviéndome en tu amor:

"¿Flor, querías verme?".

 

Y yo Padre amado, Madre santa, en mi plenitud

llena de amor y de paz,

solo supe decirte:

"Madre, Padre, Padre". 

FLOR DE DIOS

PADRE MIO, SANTO DIOS, DAME FUERZAS

Cuando te sientas sin fuerzas,

hurga en tu corazón

y escudriñando en él,

tú encontrarás una puerta,

es como un rayo de luz,

si te atreves a llamar

antes de que a ti te abran,

alguien te pedirá una respuesta

que tú deberás de saber

pues es la clave secreta.

 

La clave la tengo yo,

pues a mí

ya me abrieron esta puerta.

 

La clave se me dio por inspiración divina

y yo la daré de boca en boca

a todos los que la deseen tener,

esta clave es llave santa

que abre la puerta de Dios,

que mora en el interior de tu alma.

 

Si tú quisieras saber

esto que te digo yo,

cuando te sientas sin fuerzas,

hurga en tu corazón

y entonces podrás obtener

la clave que abre esta puerta,

es clave sencilla de amor,

hasta un niño la puede entender,

nada a cambio tendrás que pagar

solo tienes que decir,

¡Padre mío, Santo Dios, dame fuerzas!

 

Y cuando esta puerta se abra

nada tendrás que decir,

pues Él que lo sabe todo

comprende sin que digas nada,

lo mucho que tú lo lamentas.

 

Y entonces sentirás

que una paz jamás conocida

se ha puesto en tu corazón

como suero de vida eterna,

suero que te anestesia y te calma

y a la vez te da tanta fuerza

que no sabes si reír o llorar,

si cantar o bailar

pero al final lo que en verdad haces

es estar callado y quieto,

llenándote de ese amor

que como yedra por ti trepa.

 

Y mientras oyes su voz

que como lluvia te riega,

es agua que te apaga el fuego

y a tu cuerpo lo serena,

dejándolo como una flor

cuando el rocío la besa

y así sientes como tus pétalos

de terciopelo

a ti te abrazan y te aprietan,

vistiéndote para esta gran fiesta,

fiesta en la que Él vendrá

y a ti te dará su herencia,

herencia que Él distribuye,

a todos aquellos que son de su descendencia.

 

Y como es madre y padre de amor

también inventa un color

para tu traje de fiesta.

 

Es un día muy especial,

pues tú has llamado a su puerta,

estabas para Él tan perdido

y tanto ha llorado por ti

que hoy se regocija en la gloria

de este amor,

y haciéndose uno contigo,

tú sentirás todo el poder de su fuerza.

 

Esto que te digo yo,

es tan cierto y verdad

que te quiero recordar

por si un día estás sin fuerzas,

la clave que abre esta puerta

que como antes te dije,

solo tienes que decir,

¡Padre mío, Santo Dios, dame fuerzas!

Flor de Dios

¡OH LUCERO MIO INMUTABLE EN MI!

 

¡Oh Lucero mío!
Que habitas en mi alma,
le das ritmo de gloria a mi corazón.
Y tu luz brillante
chispea en mis pupilas.

 

¡Oh voz penetrante y templada!
Que penetras en mi mente
y en mi corazón es escuchada,
y con mis labios es hablada.

 

¡Oh mirada escondida!
Que en mis ojos tu te clavas
y a través de mi mirada,
yo miro por tu mirada.

 

¡Oh caricia imaginada!
Que de tanto imaginarte
de ti me siento acariciada
y es caricia deseada.

 

¡Oh roce sin presencia!
Como me aprietas con tu amor,
como acaricias en tu ausencia.

 

¡Oh oídos atentos siempre en mi!
Oyendo mi oración,
pues tus oídos quieren oír
lo que habla mi corazón
y mi corazón sensible a tu oír
te habla en oración.

 

¡Oh alma, corazón,  vida!

¡Oh mirada escondida!
¡Oh voz penetrante y templada!
¡Oh caricia imaginada!
¡Oh roce sin presencia!
¡Oh oídos atentos siempre en mi!

¡Oh alma! ¡Oh corazón!

 ¡Oh vida!


¡Oh lucero mío!
Que habitas en mi alma,
como siento tu presencia inmutable.
Siempre estás en mi.

 FLOR DE DIOS

SALMO: TRANSFORMACIÓN DE VIDA VIEJA A VIDA NUEVA

Oh milagro que hace Dios

con esta miserable oruga

que a mi cuerpo negro y feo

Dios pronto le dará hermosura

y mientras yo en mi capullo

paso noches negras de amarguras.

 

Y en mis patas de gusano;

como araña en tortura

siento como esta tela me cubre

y me deja en noche oscura

y en esta oscuridad profunda

sabiendo que fuera está tu luz

le digo a Dios con mi voz fea de oruga:

 

¡Ay Señor! ¿cuando yo veré tu luz

y me darás tu hermosura?

mira que estoy impaciente

por volar en tu ventura.

 

Entonces Dios que me oye, hace el milagro

y me saca de mi noche oscura.

 

Pero, ¡ay de mi! alegría y pena,

alegría por salir de la oscuridad

y pena porque fui mariposilla

sin colores ni hermosura

pequeña y torpe al volar en tu ternura

¡ay de mi! y me quedé en tristeza

pues no estaba a tu altura.

 

Pero el Señor me dijo, con mucho amor:

 

Mariposilla no estés triste

pues Dios pronto te dará hermosura

pero primero tienes que aprender

pues recuerda que yo te creé

como flor hermosa y pura

pero tu con tus pecados

te convertiste en oruga.

 

Por eso paga tu precio

en la oscuridad serás fea oruga

y después mariposilla torpe y pequeña

necesario es para darte nueva vida

pues yo trabajaré en ti muy a fondo

y limpiaré tu tela oscura

pero te prometo mariposilla pequeña

que en medio de la oscuridad

tu verás mi luz divina.

 

Prisa tengo mi preciosa

en que pase tu noche oscura

pero aunque prisa tengo lento voy

pues es trabajo laborioso delicado y con ternura

ya que limpio a mi flor amada

que se convirtió en oruga

hija mía deprisa voy

y con lentitud me esmero

y mariposa hermosa yo te haré

y volarás a mi altura.

 

¡Ay de mí! amado Padre

que bueno y hermoso eres

y cuanta paciencia tienes conmigo

yo que soy terrible y sucia oruga

con perdón de las orugas

pues insectos graciosos son

pero al compararme con ellas

mi fealdad les quita hermosura

pero al pensar en sus capullos

y en sus noches tan a oscuras

mi pobre alma se compara a las orugas

pues sabe que tu ¡Dios santo!

quitará su tela oscura

¿por qué, por desventura seremos mi alma y yo

menos que esas pobrecitas orugas?

 

¡Ay de mi! Padre mío

que teniendo prisa vas tan lento

¡ay de mi! que queriéndote ayudar

retraso mas tu limpieza

y se que soy yo la torpeza

y tu Dios mío con infinita paciencia

tienes que volver a empezar.

 

¡Ay! oscuridad y luz divina

¡ay! flama de amor que me quemas

¡ay! olvido y presencia

¡ay de mi! que dándome tu amor me hieres

dime Señor ¿cómo, con que entendimiento

yo puedo explicar lo que Tu en mi estás haciendo?

 

¡Ay de mí! que me rindo a la sin razón

pues eres Tu quien todo lo razonas

y yo ¡ay de mi! sin entender lo que entiendo

le pregunto a mi alma

y mi alma feliz me contesta:

 

Flor, mariposilla y oruga ten fe y confía en Él

pues mi amado ama sobrenatural

a todas sus criaturas.

 

Oh alma mía ¿ves tú lo que yo estoy viendo?

es una llama de luz, es blanca y es divina

y parece que es musical

pues en mi entendimiento oigo su melodía

y bailando se hace delgada

y como un dedo muy largo

el nombre de Dios me señala.

¿Alma me estás escuchando?

 

Si flor, mariposilla y oruga

yo la he visto muchas veces

pues Dios así consuela mis noches a oscuras.

 

¡Ay de mí! Padre mío

que ya se va tu luz divina

dejándome otra vez

en noche terrible de oruga

en su tela oscura.

¡Ay de mí! amado Padre

que ya se fue tu luz divina.

 FLOR DE DIOS

                 

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