CLASIFICACION BASICA  

 Se establece a tenor de cuatro cualidades específicas :  
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GRADUACION: que se determina por la riqueza alcohólica de los vinos y los divide en ligeros o suaves, y en fuertes o de alta graduación.

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COLOR: El color del vino, se debe a la fermentación con el mosto de sustancias colorantes de la uva, como los hollejos. El color tiene una gran variedad de matices:

Los tintos pueden ser rojo cereza, rojo vivo, rubí granate, púrpura, violáceo. En los tintos los tonos azulados indican juventud.

Los rosados y claretes pueden ser: gris, rosa vivo, rosa azafranado, rosa oscuro, etc. 

Los blancos oscila entre el trasparente y el amarillo pardo, con una gama de intermedios que va del blanco-amarillo, amarillo claro, amarillo tila, amarillo dorado, amarillo paja y amarillo ámbar. El verde en los blancos indica juventud. Pero que como regla general se limita a cuatro tonos definidos:  blancos, rosados, claretes y tintos. También hay distintos colores que definen a los vinos envejecidos: amarillo dorado o rojizo.

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BOUQUET: que es el cúmulo de sensaciones que se experimentan al catar un vino, entre las cuales figuran el aroma, el sabor, el calor, la fuerza y el regusto que queda en el paladar.
EDAD: que se establece a tenor del tiempo de crianza del vino y que hace se le considere joven, rancio, viejo y añejo.
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Hechas estas primeras indicaciones, añadiremos que los buenos catadores de vinos utilizan un lenguaje convencional mediante el cual los describen o definen estableciendo así sus características y, por lo tanto, sus cualidades a la hora de aparecer en la mesa. Así, se dice que un vino es Abocado cuando tiene «boca», o sea que es semi dulce.
Se dirá que un vino tiene Bouquet cuando las sensaciones que provoque al ser catado sean muy placenteras, dándose la circunstancia de que a diferencia del aroma, el bouquet va en aumento a medida que es mayor la :vejez del vino.
Al saborear un vino se dirá que tiene Cuerpo, que es corsé, cuando se trate de un caldo de elevada graduación, denso y consistente, o lo que es lo mismo que sea rico en tanino.
El vino Generoso es aquel que proporciona una grata sensación de calor en el estómago. Es por tanto un vino robusto, poderoso, que, por lo general, ha visto elevada su graduación natural con el añadido del alcohol vínico.
Un vino Ligero es aquel que carece de cualidades muy marcadas aunque sea agradable al paladar. Suele tratarse casi siempre de un vino joven.
El vino Pastoso es aquel cuyo sabor se pega al paladar, dejando en éste un cierto regusto. Se aplica únicamente a los vinos tintos y entre ellos merece destacarse ese :vino francés que se conoce como «le gros rouge qui tache», el vino tinto que mancha.
Se dice que un vino es Seco cuando éste ha eliminado todo su azúcar transformándolo en alcohol, lo que hace que sea de una calidad máxima. 
De un vino blanco se dirá que es Suave cuando resulte delicado y untuoso al paladar.
Queda finalmente la calificación de Brut, que se aplica al champaña en su estado natural y que corresponde a su mejor calidad.
No se agota aquí ni mucho menos, el léxico de los buenos catadores de vinos, ya que hay muchísimos más adjetivos para ellos, tales como Redondo, Aromático, Aterciopelado, Brioso, Afrutado, etc., 
Pero con lo dicho tenemos una idea de las diferentes cualidades que puede tener un buen vino.Ahora, considerando que una buena comida puede estropearse por la elección de un vino inadecuado, pasaremos a explicar las normas generales que deben ser tenidas en cuenta para que los sabores de los diferentes platos encuentren justa correspondencia en el vino bien seleccionado que denota al perfecto gourmet.
Entrantes a base de ensaladas, fiambres, arroces, huevos o legumbres se acompañan bien con un vino blanco suave, en el caso de que siga un plato fuerte, de carne roja o de caza, este primer vino puede ser rosado o clarete.
Consomés, caldos y sopas, tanto si son platos fríos como si son calientes es conveniente acompañarlos con un vino blanco ligero.
 Mariscos, el caviar y las ostras  el vino debe ser siempre blanco, aquí tienen entrada los vinos ligeramente ácidos, como el vino del Ribeiro por ejemplo, con chacolí, pese a que éste resulta quizá demasiado ácido, también los vinos espumosos secos tienen buena acogida con estos platos.
Los pescados bastos o azules requieren un vino blanco seco, que no sea suave ni ligero.
Los pescados finos, como el lenguado, el salmón, el rodaballo o el mero exigen que se les acompañe con un vino ligeramente abocado que resalte su sabor.
Las carnes blancas y las aves de corral el vino ideal es el tinto ligero de poco cuerpo.
Las carnes rojas, el cochinillo, la caza y las aves en salsa requieren un vino tinto con cuerpo, de buena graduación, con mucho bouquet, capaz de mantener su sabor frente a los platos que debe acompañar.
Los quesos hay mucha variedad en lo que a vinos se refiere por lo mismo que el surtido de aquellos es tan grande, sin embargo a pesar de que para determinados quesos blandos o cremosos se aconseja el vino blanco, y que para los fuertes o fermentados es preferible el vino tinto de poca graduación,
debe tenerse en cuenta que pueden seguir a platos de carne, de aves o de caza y por eso es aconsejable blanco, resultando preferible descender en todo caso a un vino rosado o clarete.  
En los postres se sirven vinos de alta graduación, dulces por lo general, cuyo sabor permanece en el paladar por encima del que deja la repostería, si bien con los helados o postres base de frutas puede optarse por un vino seco de solera.
Los vinos espumosos cuyo máximo representante es el Cava o Champagne puede tomarse con las carnes blancas y con los postres, pero jamás con las carnes rojas y los asados