La absoluta mayoría de las obras literarias sánscritas están en verso. ¿Por qué?
Hay una diferencia fundamental entre el modo de visualizar "la cultura" que tenemos los occidentales (incluyendo al mundo musulmán dentro de occidente) y los indios. Para nosotros, "la cultura" y "los libros" son casi sinónimos; el conocimiento intrascendente es el que se adquiere de oído, mientras que el conocimiento serio el que obtenemos rompiéndonos los codos, y el intelectual siempre lleva gafas, pues el pernicioso vicio de leer le ha destrozado la vista.
Por el contrario, en la India, hasta el día de hoy se sigue creyendo que el conocimiento bueno es el que se transmite de boca de druida a oreja de druida. La enseñanza oral, de maestro a discípulo, siempre es muchísimo mejor, para formar a la persona, que la enseñanza transmitida indirectamente, por libros. San Pablo debía estar pensando en esto cuando escribió "la letra mata, pero el espíritu da vida".
Según se cuenta en la India, estamos en la cuarta edad del mundo; en la primera edad imperaba al cien por ciento la justicia (dharma), y por eso los hombres de entonces eran más altos, fuertes, buenos, listos, sanos y longevos que los de ahora. Los de la siguiente edad ya tenían menos de todo eso, pues tenían un 25% de injusticia, en la tercera era fifity-fifty, y en nuestra cuarta edad, hay un 25% de justicia y un 75% de injusticia. Como consecuencia somos más malos, más débiles, más enfermizos, más tontos, más desmemoriados, y de vida más corta. Cuando se acabe esta edad la justicia se habrá reducido al 0% y Dios (bueno, Shiva, o Vishnú, no me acuerdo ahora cuál de ellos) hará borrón y cuenta nueva mandando un nuevo diluvio (tranquilos, que todavía faltan 214367 años para eso).
Los hombres de la primera edad no conocían la escritura; no les hacía falta, porque se acordaban de todo lo que les habían dicho. Así que cuando se les revelaron los Vedas, no tuvieron que apuntárselos. Pero a medida que fue degenerando la raza, la memoria humana se hizo más débil, hasta el punto de que no podían recordar correctamente los textos sagrados. Asi que, para evitar que se olvidaran de todo, Brahma les reveló la escritura.
La moraleja de este cuento es: la escritura son como unas muletas que ayudan a nuestra memoria coja.
A un indio no le impresionará en absoluto que le digas que has leído tal o cual libro, ni que lo tienes en un estante. Un proverbio indio dice "dinero que has prestado y conocimiento que guardas en un libro, cuando lo necesitas no lo tienes". Si una obra literaria no te la sabes de memoria, es que no te la sabes.
Aparte, en tiempos antiguos en la India no era posible olvidar un libro en una biblioteca y que alguien lo redescubriese cien años después, como solemos hacer nosotros. El calor, la humedad, los bichos y la falta de papel (en tiempos antiguos escribían en hojas de palmera) hacían necesario recopiar los manuscritos constantemente. Un libro que nadie cuida, que nadie se sabe de memoria, muy pronto se convierte en polvo. Literalmente.
Así que en la India la base del conocimiento es la memoria, y los libros son meras ayudas, reflejos transitorios de la palabra eterna. Por eso el que escribía cualquier cosa lo hacía pensando en que habría gente que lo aprendería de memoria.
Una de las cosas que más ayudan a memorizar un texto es que esté en verso. No digo "en forma poética", sino "en verso", que no es lo mismo. Es por eso que casi todas las obras antiguas sánscritas están en verso, ya sea de letras o de ciencias, desde los vedas, la lírica y la épica hasta los recetarios de farmacia, las obras filosóficas, los diccionarios, los libros de cocina y libros de problemas de aritmética, de valor poético cero. Lo poco que está en prosa son cosas que el autor estaba bastante seguro de que siempre se iban a conservar en forma escrita: por una parte textos muy trascendentes como partes de los upani.sads, y por otra textos muy intrascendentes, como obras de teatro (siempre hace falta un libreto para que los actores se lo estudien), y algunos libros de historietas como la historia de los diez príncipes (daashakumaaracarita), que, como son para pasar el rato, nadie en su sano juicio se los aprendería de memoria.
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Jordi Mas Trullenque. Última revisión: 2003-01-01.
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