Respecto a la palabra íbera eban y sus variantes yo considero segura la propuesta de Untermann
de que eban significa algo similar a "erigió", equivaliendo al término CURAVIT de las inscripciones latinas.
Esta propuesta fue bien argumentada por Untermann y, de hecho, yo mismo la he reforzado al llamar
la atención sobre los paralelismos morfológicos que presenta con el verbo ekiar: (eban-en
/ eki-en; t-eban / t-ekiar) que sugieren que eban fuese también un verbo.
Pero, a pesar de la evidencia publicada y del prestigio de Untermann (el más importante investigador de la materia),
en los últimos años ha alcanzado un gran éxtio la propuesta de Velaza de que eban
significaría "hijo" y teban "hija", hecha reciclando dos viejas ideas: que eban
sería "hijo" y la sugerencia de Tovar de que su t- prefijada sería un artículo femenino. Esta recuperación
resulta sorprendente, dado que Untermann ya había rechazado la interpretación como "hijo" para
eban y en la actualidad sigue rechazándola; pero también porque la teoría de Velaza adolece de
serias deficiencias lógicas y documentales, por más que Velaza se empeñe en ignorar aquellas a las que no
puede responder y ofrezca explicaciones tan insuficientes como improbables para las demás (como sus
presuntos ejemplos de eban en inscripciones no monumentales).
Es por eso que he dicho que dicha teoría es "endeble". He dedicado un artículo en Arse 35
a una exhaustiva refutación formal de la misma, en el que todo está mucho mejor explicado. Aquí me limitaré a
resumir los cuatro argumentos principales (en el artículo hay nueve más).
1) NON SEQUITUR de la teoría. Incluso si la escasa documentación que Velaza presenta fuese correcta
y sólida, sus conclusiones están viciadas por un defecto lógico que las invalida: de esos datos no se
puede inferir una conclusión tal, pues son perfectamente compatibles con la hipótesis CURAVIT.
El hecho es que Velaza cree que habría una concordancia de género gramatical entre eban / teban
y los antropónimos a los que sigue. A partir de un caso muy dudoso concluye que teban
se relacionaría con los nombres de mujer, que en consecuencia sólo podría ser un substantivo y que por lo tanto eban y teban
sólo pueden ser "hijo" e "hija".
Pero todo esto se basa en una premisa falsa: que solamente los substantivos concuerdan en género.
Esto es cierto para el castellano y para el latín (Velaza es un filólogo de latín), pero cualquier
lingüista sabe que hay muchos idiomas en las que el verbo concuerda en género con el sujeto. Por consiguiente,
incluso si creyéramos que la t- de teban es una marca de femenino, todavía podría ser un verbo.
(1).
Esta crítica por sí sola es una refutación formal de la hipótesis, Velaza la conoce desde 1994 y se
publicó por primera vez en el 2000.
2) Inesperada ausencia de eban en las inscripciones no monumentales. De acuerdo con la
teoría de Velaza cabría esperar que la palabra "hijo" se encontrase en otras clases de inscripciones, sobre todo dado que
en los plomos se menciona a muchas personas. Aun si aceptáramos los dos supuestos casos que Velaza propone,
continuarían siendo demasiado pocos (y de hecho sólo uno es realmente eban) y en niguno de estos casos
se encuentra relacionando dos nombres, como tendría que ser para que se les considerase un paralelo.
En cambio, esta exclusividad sobre inscripciones monumentales encaja a la perfección con un significado
del tipo de CURAVIT, tal y como Untermann ha remarcado.
3) No repetición de eban en una misma inscripción. Aunque en varias inscripciones monumentales
se menciona a más de una persona (p. ej. la estela de Sinarcas), sólo una de estas personas se
relaciona con eban en una misma inscripción. Bien, obviamente es mucho más lógico que sólo
una de estas personas sea la que se haya encargado de construir el monumento, que elucubrar que sólo una
de ellas tenía padre o que estaba prohibido utilizar la palabra "hijo" más de una vez.
4) Ausencia de criterio para identificar los nombres de mujer. Velaza no ha hecho ningún estudio
al respecto y toda la cuestión continúa sin estar resuelta.Todas sus identificaciones de nombres
de mujeres son, en el mejor de los casos, dudosas. En el único ejemplo de que dispone como
presunta prueba de su teoría, aiuni, hay dos problemas. Primero: que ni siquiera
presenta el presunto (aunque dudosísimo) sufijo -in sobre el que se supone que basa su
determinación de género. La -n es supuesta por Velaza, utilizando una hipótesis como prueba para otra.
Por último, que la segmentación de aiuni es arbitraria: la inscripción completa es ar'e take aiunibaise** teban,
por lo tanto, es mucho más verosímil que aquí un típico antropónimo íbero aiunibaiser
que dos atípicamente unimembres aiuni y baise*. Por cierto,es evidente que resulta
mucho más sencillo explicar la identificación de un único onomástico en la inscripción si traducimos
teban como "erigió" que como "hijo", por más que Velaza expresamente afirme lo contrario.
Velaza está identificando nombres de mujer siguiendo criterios especulativos y ad hoc, pero
una especulación no puede usarse como prueba.
1.
Curiosamente, incluso en España se habla desde antes de su "unificación" un idioma,
el bereber, en el que un prefijo t- se utiliza tanto para marcar el femenino tanto
en substantivos como en verbos. Resulta realmente triste que, siendo el bereber
un idioma hablado por millones de personas y con tan poco apoyo en los países del norte de África,
también en España, una "democracia occidental" moderna en la que con razón se clama en defensa de
las lenguas minoritarias, el bereber sea tan poco conocido, tan poco apreciado y tan poco apoyado.