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SOBRE EL ORIGEN DE LOS PUEBLOS DE HABLA ÍBERA
Existen sólo dos teorías que intenten explicar el prigen de los pueblos de habla íbera:
una considera que la lengua íbera era una "lingua franca" que se expandió de sur a norte;
la otra considera que es un capa lingüística relativamente reciente que vino desde Francia o
incluso desde el oeste de Alemania. Una diferencia importante entre ambas teorías es su opinión
sobre la relación entre las lenguas vasca e íbera: la primera teoría se explica mejor si no hay
relación alguna entre ellas; mientras que la segunda considera que la relación es casi segura
y la usa como un indicio importante.
La teoría de la lingua franca ha sido desarrollada por el prof. De Hoz. Él considera que
el núcleo realmente íbero (algo así como su auténtico territorio nativo o su cuna) era Alicante, en
el sudeste de España (la Contestania), ya que sólo en esta zona se pueden encontrar las tres escrituras
íberas (es decir: levantina, meridional y grecoibérica). También es interesante comprobar que los restos
culturales en esta zona son mucho más opulentos que los septentrionales (especialmente las necrópolis
principescas y monumentales) y que en alguna ocasión se ha sugerido que esta cultura era la
auténticamente íbera, mientras que la pobre del norte sería la de pueblos no íberos iberizados.
De Hoz también ha llamado la atención sobre la existencia en el Norte de Cataluña de una serie
de probables antropónimos que no parecen íberos y, consecuentemente, los considera una evidencia
de un substrato indígena no íbero.
Está bien documentado el que individuos íberos jugaron un importante papel en el comercio,
puesto que se encuentran antropónimos íberos en dos inscripciones griegas de carácter económico
(halladas en el Norte de Cataluña y el sur de Francia). De ahí que De Hoz considere que la lengua
íbera se expandió como un idioma usado en transacciones económicas entre pueblos que no hablaban el
mismo idioma (es decir, como un lingua franca), así como por una influencia íbera cultural y económica.
Explica la presencia de antropónimos íberos en esas regiones presuntamente no íbero parlantes considerando
que los aristócratas locales habrían adoptado nombres íberos por su prestigio social.
Yo he propuesto una interpretación diferente de los datos. Una corrección es mi descubrimiento
de que el uso de la escritura levantina el el sudeste de España es muy tardío: sólo tras la conquista romana.
De hecho, las prístinas inscripciones íberas levantinas se han encontrado en el Norte, en la costa pirenaica, así
como ciertamente es un sistema muy innovador, no una mera variante menor de la escritura meridional.
Otras cuestiones son discutibles. Las culturas arqueológicamente ricas fueron primero las tartesias/turdetanas
(esto es, culturas no íberas) y su rico desarrollo económico y cultural se extiende de sur a norte. De ahí que
el que la cultura íbera del sur sea sólo una consecuencia histórica (así como geográfica, pues los recursos
mineros son mucho mayores en el sudeste que en el nordeste); no es preciso buscar ninguna explicación étnica.
Asimismo, también se puede documentar un substrato no íbero en el sudeste, puesto que hay muchos topónimos y
tribónimos difíciles de explicar como íberos (por ejemplo, los propios contestani). Incluso pese a que yo estoy
muy a favor de que los íberos jugaron un papel importante en el comercio, encuentro difícil de aceptar una influencia
lingüística tan importante (antropónimos, tribónimos, topónimos) que impusiera la lengua íbera desde 500 km. de distancia
incluso en los territorios que están al lado de ciudades griegas. Creo que esto hubiese sido mucho más sencillo si
hubiese algún tipo de substrato común íbero.
Pero el punto principal es la relación entre el vasco, el aquitano y el íbero (que yo considero casi segura,
pero que De Hoz niega). Hay que explicar una unidad lingüística entre la costa mediterránea de España y el
sudoeste de Francia (así como probablemente también la cuenca del Ebro). Ninguna de estas regiones puede ser
considerada una zona inaccesible y su distribución geográfica sugiere una expansión de norte a sur. Desde un punto de
vista histórico también resulta extremadamente difícil explicar una expansión desde Alicante a Gascuña.
Por el contrario, sí que existe un factor histórico y arqueológico que permite explicar esta dispersión
geográfica dese el norte: la cultura de los Campos de Urnas. De hecho, se ha indicado repetidas veces la coincidencia
entre la zona de cultura íbera y la de la inmediatamente anterior cultura de los Campos de Urnas en España,
que no hay interrupción entre ambos y que, de hecho, el ritual funerario de los íberos es una especie de
campo de urnas evolucionado.
Ello no implica que toda la gente de los Campos de Urnas europeos hablase íbero, sino que un pueblo de habla proto-íbera
formaba parte de la cultura de los Campos de Urnas y que se expandió hacia España y el Sur de Francia. De acuerdo con los
paralelos arqueológicos, este pueblo podría provenir del sudoeste de Alemania.
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