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Es cierto que el resultado puede llamar a engaño, pero
los hombres de Rajgaard dejaron claro desde el pitido inicial que estaban
allá para acallar las numerosas críticas recibidas en estos
días.
El ambiente fue impresionante, tanto dentro del rectángulo de juego
como en los aledaños. El árbitro del colegio castellano-pucelano
Garbaje-Odín estuvo discreto y amonestó a Ramallets (discreto)
por parte del Barsa y al joven con el dorsal número 4 del Figueras
(intermitente) por repetidas entradas al juez de línea. No le tembló
la mano a la hora de señalar orsays, que los hubo a porrillo
ni se amilanó ante los cánticos xenófobos de los
2 ultras figuerenses que fueron desalojados directamente a la cárcel
sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar 20.000.
Los de Riikjard llevaron la iniciativa del encuentro excepto en los momentos
en que no lo hicieron, lo que encrespó al respetable, que no dudó
en airear con saña los pañuelos blancos. En el minuto 5
una internada de Chavi (sobresaliente), que vio el partido desde el banquillo,
provoca un rifirrafe en el área local y pone el cuero con suavidad
a los pies de Koeman (tenso), que chuta sobre el cuerpo del líbero
del Figueras (voluble). Ambos se perdieron por encima del larguero. El
técnico local empezaba a inquietarse en la banda y ordenó
a Cardeñosa (fatal) y a Juanele (ausente) que permutaran sus demarcaciones,
lo que estimuló el contragolpe azulgrana, ya que Juanele (ausente)
murió hace años y su espacio quedó descubierto.
Los errores tácticos se pagan caros y en metálico, o eso
debieron pensar los aficionados de casa, cuando, soliviantados por la
ineptitud del entrenador le arrojaron monedas a mansalva.
La inoportuna lesión de Canito (posibilista), el veloz volante
interior del Figueras, que abandonó la cancha inconsciente pero
por su propio pie, marcó el principio del fin del equipo albi-blanco.
Quizá emulando el espíritu del genial pintor catalán
que da nombre a la Copa Dalí, la defensa optó por un contumaz
catenaccio que obligó al enganche a replegarse sobre sí
mismo y a los medias puntas a ejercer de zagueros. El Barsa impuso su
mejor condición física y contrarrestó el ultradefensivo
8-1-1 con un audaz 0-1-9.
Rischkar no dejaba de mascar chicle en el banquillo del equipo de la ciudad
condal y echaba mano continuamente de la libreta. Sus muchachos se lo
estaban pasando en grande, tocando, triangulando y fallando en boca de
gol. Los ronditos se sucedían y la defensa local se desquiciaba.
En la segunda mitad, más de lo mismo. El público, cariacontecido
comenzaba a desfilar consciente de que aquello acabaría en desastre.
Pero lo mejor estaba por llegar. Al filo del minuto 15 de la reanudación,
el colegiado interpreta como voluntario un puñetazo del central
en la boca del estómago de Zárate (voluntarioso) y sin dudarlo
señala el punto de penalti. Tangana monumental, pitada en las gradas,
gritos de «Basta ya» y otras sandeces.
Reshjaanrjk mueve los brazos señalando jugada estratégica
y el pibito Saviola (candente) coge carrerilla. El portero Alfeñiz
(desatendido), impávido bajo el arco no puede evitar que el balón
le golpee en la cara y debe ser retirado del terreno de juego por las
asistencias sanitarias mientras reciben capones.
En la última media hora del encuentro el FC Barcelona impuso su
casta gallarda en la frontal del área y aprovechó los desajustes
de la línea defensiva y los episódicos cortes de luz en
el estadio para poner la puntilla al inofensivo Figueras que, recordemos,
se está pudriendo en las divisiones inferiores.
Al final todos contentos y cordial encajada de tortas entre los presidentes
de los dos clubes.
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