Cuánta desolación me causa
el compartir esta tarea de informar con mis compañeros Orteu y
Perelló, respectivamente. ¿Desolación? Quise decir
desazón. No, desconsuelo. No, orgullo. |
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Hoy la guerra de Mesopotamia
ha entrado en un escollo. Los ineptos persas no consiguen abatir más
que un supertanque Crazydog con sus centenares de plumeros de
sacar el polvo. Aún así lo celebran multitudinariamente
con te y galletas, a consecuencia de lo cual murieron cuatro marines norteamericanos.
Las reacciones no se han hecho esperar y mi compañero Orteu ha
declarado en rueda de prensa que su estilo de redactar es peculiar, pero
que siempre cuenta la verdad y que si ha hecho referencia en más
de una ocasión a los muslos de su esposa es siempre porque la crónica
así lo requería y sin lo cual no hubiera podido ser comprensible.
Por su parte, el señor Perelló ha añadido audazmente
que sí.
En general, la población sigue muriendo con normalidad y los bombardeos
se suceden con diligencia. Los campesinos chiítas celebraron ayer
la fiesta de su patrona Santa Rita con abundante ron y con unas velas
francamente preciosas.
El otro aspecto importante de esta guerra, la dificultad para encontrar
pienso para hámster, sigue desanimando a los periodistas de todo
el mundo que se encuentran informando para las tres cadenas más
vistas del planeta (CNN, Aljazira y Antena 3), pues han visto morir ya
más de dos de sus mascotas, concretamente Abraham Lincoln, Günter
y Marujita. A otro de ellos, Ronaldinho, ha habido que amputársele
las dos patitas de atrás, con lo cual, si bien ha salvado la vida,
ya no puede caminar.
El señor Perelló sigue sin encontrarse bien. Días
atrás me robó un bolígrafo y cuando se lo reclamé
se puso muy nervioso, entró en temblores y empezó a sacar
espuma por la boca. El señor Orteu tuvo que meterle uno de sus
dos pies en la boca para evitar que se tragara la lengua. Yo colaboré
sacando fotografías, una de las cuales acompaña esta crónica.
Aprovecho para informar de que no nos ha llegado aún el envío
de comida y vendas, y añado al pedido tabaco de pipa y un cortaúñas.
Bueno, tres.
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