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Siempre
pensamos que mamá tenía algo de bruja. Su herencia nos lo confirmó.
María se quedó con su par de zapatos y el manuscrito: “los pasos serán
optimistas”. Yo tuve que conformarme con sus gafas de sol y la premonición:
“lo verás todo oscuro”
Semanas después, mi hermana moría en un naufragio al perforar, con el tacón
del zapato de mamá, la barca que iba a socorrerla.
—¡No temáis, nos salvaremos! Decía al hundirse, con una confiada sonrisa.
Yo, en cambio, había devuelto mi pasaje el día antes de zarpar, dado mi
sobrevenido carácter pesimista.
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