El siguiente dibujo ilustra la manera de calcular las horas según el principio descrito en el capítulo anterior. Funciona igual que el gráfico del capítulo gráfico de las horas temporales.
En este dibujo, vemos el camino del sol en el cielo, alrededor de la tierra. El sol sigue un círculo en el cielo, y este círculo se va desplazando de norte a sur y de sur a norte según la época del año.
Podemos imaginarnos que el sol siempre avanza por este círculo a la misma velocidad, y que en dar una vuelta entera al círculo tarda exactamente un día y una noche. Si nos basamos en esta idea, lo único que hay que hacer para que el sol marque horas iguales es dividir el círculo en veinticuatro partes iguales. Cuando vemos que el sol ha recorrido una de las partes, decimos que ha pasado una hora.
Hacer que un reloj de sol mida estas horas es más sencillo que hacer que mida las horas romanas.
En estos relojes, no es usual que se utilice un gnomon vertical para hacer sombra. Lo normal es poner la varilla paralela al eje de rotación de la tierra. De esta manera, cada día del año a la misma hora, la sombra de la varilla está en el mismo plano, y el reloj es más sencillo de leer. Esto es lo que se llama un "reloj de sol de horas iguales".
En una nota al pie, podemos decir que las horas que mide un reloj de sol de horas iguales no son todas exactamente iguales. Si medimos el tiempo que tarda el sol en dar la vuelta a la tierra con un reloj mecánico muy exacto (por ejemplo con un reloj de cuarzo de los que te venden los vendedores ambulantes por seis euros), resulta que por Navidad el sol tarda en dar la vuelta a la tierra 24 horas del reloj y treinta segundos, y en cambio en septiembre tarda 24 horas menos veinte segundos. Este hecho curioso lo conocían ya los griegos y desde entonces es bien conocodo de los astrónomos, pero, en cuanto a los relojes civiles concierne, no tuvo la menor importancia práctica hasta que se hicieron corrientes los relojes que no atrasaban más de un minuto por día, en el siglo XVIII.