Para nosotros, "las tres de la tarde" son un instante, un punto en el tiempo, y las "tres y media" es el instante que viene media hora después de "las tres".
Los romanos no contaban así. Para ellos el día se dividía en doce partes que eran intervalos de tiempo, y al primer intervalo le llamaban "primera hora" y al último "duodécima hora".
El momento de la salida del sol, que para nosotros podría ser "las seis de la mañana", para un romano era "el principio de la primera hora", y lo que nosotros llamaríamos las "seis y media" sería "la mitad de la primera hora". Para referirse a "las siete de la mañana" habría tenido que decir "el principio de la segunda hora" (o el final de la primera). Pero en aquellos tiempos la vida no tenía tantas prisas como ahora y nadie llevaba reloj, así que era más normal expresarse de manera más imprecisa, diciendo por ejemplo "ven mañana a segunda hora" (es decir "entre siete y ocho").
Es por eso que los relojes de sol antiguos no llevan marcados números en las líneas, sino entre línea y línea. En un reloj de sol moderno, la línea por la que pasa la sombra al mediodía está marcada con un "12", y la línea por la que pasa una hora después lleva un "a". En un reloj antiguo, las líneas van sin marcar, y el espacio entre las doce y la una está narcado con un "VII" que indica "séptima hora". En el raro caso de que se etiqueten las líneas mismas, sería necesario etiquetar la línea del mediodía con la inscripción "final de la sexta hora" (o bien "principio de la séptima hora").
Esas inscripciones son las que podemos ver en este reloj de la época hispanomusulmana.