En la Roma antigua era costumbre dedicar la primera mitad del día a trabajar y la segunda mitad a descansar (los romanos se levantaban con las gallinas y dormían toda la noche). A la mitad del día se cerraban los mercados, las tiendas y los tribunales. Es de suponer que era bastante incómodo que cada uno calculase a ojo cuándo había acabado la mitad del día y que te fuese a la barbería a pie y la encontrases cerrada.
En cierto momento el ayuntamiento romano, o como se llamase, tuvo la idea de nombrar un funcionario que tocase una trompeta a la mitad exacta del día. La mitad del día, que en romano se llamaba "medi dies" o "meridies", en teoría es el momento en que el sol está en lo más alto, pero nuestro trompetista no tenía un sextante para ir vigilando la altura exacta del sol, y lo que hacía era esperar el momento en que el sol estaba exactamente al sur, que es mucho más fácil. Para esto esperaba a que el sol quedase alineado con una calle que había cerca del foro romano.
El día se dividía en dos partes, que llamaban "ante meridiem" (antes del mediodía) y "post meridiem" (después del mediodía).
De que los relojes de la época eran bastante malos nos da testimonio Séneca, cuando dice con sorna
"... Horam non possum certam tibi dicere, facilius inter philosophos quam inter horologia conveniet, tamen inter sextam et septimam erat"que significa "la hora no te la sé decir seguro, que es más fácil poner de acuerdo entre ellos a los filósofos que a los relojes, pero serían entre las once y la una..."
Como los días son más largos en verano que en invierno, una hora en verano era más larga que en invierno. En Roma, el día por San Juan dura quince horas de las nuestras y la noche nueve, y por Santa Lucía lo contrario, nueve de día y quince de noche. Así, pues, una "hora" romana tenía 75 minutos de los nuestros en verano y 45 minutos en invierno. Pero esto no preocupaba mucho a los romanos, que en verano trabajaban más que en invierno.
La idea general en que se basaba este horario era muy fácil de entender: dividir el tiempo entre la salida y la puesta de sol en doce partes iguales.
A las horas que se calculan de esta manera los que hacen relojes de sol las llaman "horas desiguales", porque en verano no son igual de largas que en invierno. También se las llama "horas temporales". Los relojes de sol anteriores al año 1500 (cien años más cien años menos) están casi todos graduados según estas horas.